viernes 24 de julio de 2009
No estoy muerto
NO estoy muerto pero ya casi soy ingeniero!!! Acabo de terminar de cursar Termodinámica Química 2 y la aprobe, lo cual me deja con solo catorce materias por cursar, siempre y cuando apruebe Operaciones Unitarias 2. Estare de vuelta uno de estos años. Cuidense
miércoles 25 de febrero de 2009
Propuesta para creativos
Desde hace ratos me da vueltas en la cabeza una idea. Me gustaría escribir una historia con varias personas, pero en lugar de ponernos todos de acuerdo, me gustaría que alguine la iniciara y así turnarnos entre todos los participantes para escribir un capítulo. Los Interesados favor comunicarse conmigo, estaré pendiente.
Hasta luego Soñadores.
Hasta luego Soñadores.
Saludos
Wow, ya es mucho tiempo, ¿no?. es increible realmente. desde la última vez que publique me han sucedido tantas cosas que cada una de ellas sirvio en su momento de excusa para no seguir escribiendo.
Desde entonces la historia dio un giro de 180 grados en mi cabeza influenciada por diversos hechos en mi vida y nuevas ideas a las que he estado expuesto.
Ciertamente lamento por quienes seguian la obra pues les he fallado grandemente pero volvere pronto a las andanzas. Jajaja. Saludos hasta otro dia.
Desde entonces la historia dio un giro de 180 grados en mi cabeza influenciada por diversos hechos en mi vida y nuevas ideas a las que he estado expuesto.
Ciertamente lamento por quienes seguian la obra pues les he fallado grandemente pero volvere pronto a las andanzas. Jajaja. Saludos hasta otro dia.
domingo 28 de septiembre de 2008
Capítulo Séptimo
Lo he decidido. En este mismo blog seguiré publicando las historias de Los Creadores. Aquí les presento el Séptimo Capítulo de Hunters. Con este libro llegaremos hasta el Décimo y talvez un epílogo. Luego publicaré un cuento más ligero, siempre referente a la saga y después vendrá el segundo libro. Se llamará “Los Creadores: El Ascenso del Ángel”. Esta será la historia de la guerra entre los Neem Vai y Centuriones, narrada desde el punto de vista de los cuatro Campeones (Jacob, Marco, Khan y Frank). Agradezco a todos aquellos que siguen la historia y espero sus comentarios. Gracias. No se olviden de visitar el otro blog “Pensamientos” y dejar sus comentarios. Muchas Gracias Lectoras y lectores. El próximo capítulo será publicado el 18 de Octubre aunque ahora veo que me cae en la semana del segundo Parcial de Operaciones Unitarias I (ayuda algún estudiante de ing. Qca.? =s) pero trataré de entregarlo en esa fecha y no atrasado como lo he hecho en estas últimas dos ocasiones. Adiós y hasta la próxima.
CAPÍTULO SÉPTIMO.
1
Neil Van Verth iba en un módulo de transporte en el Prometeo cuando las luces de pronto se apagaron y el módulo se descarriló. Despedido de su asiento, Neil se golpeó la cabeza con la puerta. Vio la ventana como el módulo caía desde el riel, golpeando muchas cosas a su paso. Luego de varios vuelcos el módulo se detuvo y Neil empezó a guiarse en la oscuridad buscando la salida. En el módulo iban unos diez soldados, nadie se quejaba, pues la poca gravedad había hecho que la caída fuera más bien lenta. Uno de los soldados disparó hacia la ventana abriendo un agujero por el cual salieron todos.
— ¿Qué habrá pasado? –dijo uno de los soldados-. Las luces de emergencia aún no se encienden.
Neil sacó de su bolsillo una computadora portátil.
— Parece no haber conexión con el sistema de la nave... es como si estuviera apagado.
— Imposible –dijo uno de los soldados mientras sacaba su computadora. Revisó en ella y luego la golpeó con la palma de la mano-. No puede ser. El sistema nunca ha fallado.
— Momento –dijo Neil al ver una señal en la pantalla-. Un servidor de emergencia está transmitiendo. ¡Hay señal! Es un mensaje. “Prometeo bajo ataque”.
— Que nos digan algo que no sepamos –dijo uno de los soldados.
Neil miró bajo la tenue luz de la lámpara a los soldados que lo acompañaban. Se dirigían a uno de los puertos en el momento en que la energía había caído.
— Muy bien –dijo Neil viendo a sus alrededores. Se encontraban en uno de los parques cerca del centro del Prometeo, muy alejados de donde el ataque había tenido lugar-. ¿En que nivel estamos de cualquier manera?
— En el tercero Teniente. Lo reconozco porque aquí traigo a mi hijo mis días libres.
— Por Dios. ¿Qué habrá pasado con todas las personas? –preguntó otro soldado.
— Deben de estar refugiados; pero ahora tenemos que ver que podemos hacer –dijo Neil. En ese momento un nuevo mensaje llegó a su computadora. Lo que leyó lo dejó frío. Levantó la vista hacia los soldados y estos lo miraban expectante.
— ¿Qué dice el mensaje Teniente? –preguntaron. El otro soldado con computadora leyó el mensaje también.
— “Defensas del Prometeo han colapsado. Ataque de Adepto al Fuego. Prometeo se precipita a asteroide cercano. Abandonen la nave. Abandonen el Prometeo”.
Una enorme explosión destruyó una sección aledaña al parque donde se encontraban. La luz iluminó las caras de los jóvenes soldados quienes no miraban el fuego sino a su Teniente; esperaban órdenes.
— Abandonen la nave. Yo tengo algo por hacer.
Neil empezó a correr hasta el edificio central que servía de conexión para todas las zonas militarizadas de la nave. Avanzó por los pasillos y luego de unos diez minutos dio con el salón A – 16. Ahí no encontró a nadie. Lo único que había era una botella de vodka vacía. Neil pensó entonces en Jamie y salió en su búsqueda. No la encontró. Neil van Verth empezó a desesperar y a perder su frío raciocinio buscando personas en la nave que bien, o ya no estaban, o habían perdido la vida en la batalla. Sin embargo Neil encontró a alguien a quien no esperaba ver. Sentado en el piso de uno de los pasillos se encontraba el representante de la Cofradía en el Prometeo. Ayax estaba tirado en uno de los pasillos como si nada ocurriera.
— ¿Dónde está Jamie? ¿Qué haces ahí tirado cuando la nave es atacada? Se supone que esta clase de situaciones es la razón por la cual te mandaron aquí –El enorme Centurión simplemente se quedó tirado en el piso-. ¡Ayax! ¡Contéstame!
Áyax levantó la cara y miro fríamente a Neil a los ojos.
— ¿Sabes por qué los nombres griegos? –Neil lo miró extrañado-. En la Cofradía te dan un nombre griego cuando te vuelves caballero, o cuando haces una misión larga. Yo soy Ayax por Ayax hijo de Telamón. Gran guerrero de los aqueos en la Íliada. El hermano de Jamie, Kanryu, es Aquiles, el más rápido de los Aqueos y favorito de los dioses –Ayax levantó los hombros-. Nos dan nombres griegos porque cuando Marco e Ilyakob (Jacob McHaia) llegaron a la Tierra, Grecia fue uno de los lugares donde aterrizaron. Marco se enamoró de la cultura griega, más tarde lo harían también Frank y Khan. Cuando la Cofradía de los Guardianes de las Gemas se reestructuró hace diez años ellos tomaron mucho de las sociedades de la Tierra. Tomaron los nombres griegos para nosotros los caballeros porque ellos se consideran dioses. Verás Neil, los grandes guerreros griegos tenían sus destinos ya trazados y no había manera de que los evitaran, no había manera de que se evitara ese destino trazado por los dioses y así como Héctor no pudo escapara de la furia del matador de hombres Aquiles, yo no puedo evitar escapar de este enfrentamiento. Bien puede ser que Frank y Khan no supieran al momento de mandarme aquí que el Prometeo no llegaría ni siquiera a la mitad de su misión; pero eso no quiere decir que, al mandarnos a estas tareas que muchas veces están por sobre nuestras capacidades, no se estén comportando como dioses del Olimpo –Neil calló y comprendió a lo que Ayax se refería. Todos los soldados eran simplemente peones en el gran esquema de las cosas. Incluso él, con toda su autoridad para diseñar las operaciones, no era más que un soldado que ejecutaba lo que alguien más le decía. Ayax se levantó y le colocó una mano en el hombro a Neil-. No te preocupes por Jamie, ella se sabe cuidar sola y... si alguna vez nos vemos de nuevo, llámame Daniel. Ese es mi nombre. Ahora que presentar a “un Creador” con el Creador.
Ayax se alejó riendo mientras todo en el Prometeo empezaba a arder.
2
Z estaba confundido. Miraba a ambos lados y se dio cuenta que estaba en una encrucijada. Por un lado los que tenía a su derecha seguramente lo tratarían de matar. Por otro lado Kyle, que estaba a su izquierda, no dejaría que se defendiera. Incluso sin la intervención de Kyle las posibilidades de Z eran malísimas. Rápidamente llegó a una decisión.
— ¡Presión! –gritó Z.
Inmediatamente el edificio colapsó por el peso de la atmósfera por sobre él. La verdad era que este era uno de los mejores ataques de Z. Consistía en crear una enorme concentración de aire por encima de algo o alguien y luego liberarla para destruir a lo que tuviera por debajo. Los veinte pisos del hotel se desplomaron uno sobre otro como si fuera un castillo de cartas. Sin embargo Z no se detuvo ahí. Mientras todo caía, tomo a Ker y la elevó por sobre su cabeza.
— ¡Ráfaga! –gritó mientras dio un golpe al aire.
De la punta de su katana salió una ráfaga que golpeó a uno de los Oriones en el brazo mientras caía. El brazo se separó del cuerpo al instante. Aún en la caída Z se impulsó en uno de los pisos que se precipitaba y atravesó al Orión herido en el vientre. Mientras giraba lentamente la espada le dijo:
— Tienes suerte. Podrás decir que te dio muerte un verdadero guerrero –al tener el filo de la espada en dirección de la cabeza, Z lo cortó a lo largo y lo remató cortándolo por la mitad.
El piso en el que se encontraban terminó por caer y, con un movimiento de la espada por sobre su cabeza, se deshizo de los dos pisos restantes mandándolos a otras zonas.
— ¡Salazar! –le gritó Kyle.
Z lo miró por sobre el hombro con la sonrisa inocente que lo caracterizaba. Golpeó tres veces con la funda de su espada en el suelo y, al momento, tres tornados de enorme magnitud golpearon la ciudad.
— Ve a salvarlos cuñado. Ellos cuentan contigo –le dijo Z a Kyle sonriendo.
— ¡¿Qué te has vuelto loco?! ¿Sabes a cuantos Neem Vai has matado?
— Unos trescientos más o menos; pero serán mucho más si no encuentras la manera de detener esos tornados. ¿Qué dices Kyle? ¿Qué vale más? ¿La vida de este Orión, ó la de miles de Neem Vai? Decide rápido –dijo señalándole un edificio que empezaba a ser devorado por el primer tornado
— ¡Pagarás por esta Salazar! –le amenazó Kyle mientras se alejaba volando.
Z vio al Orión restante. Estaba de pie frente a una cuarta parte del cadáver de su compañero.
— Increíble –dijo el alto Orión moreno pateando el cadáver-. No creí que entre los de la cofradía hubiera alguien...
— ¡La caída de la serpiente! –gritó Z, de las nubes se formó una enorme serpiente con la mandíbula abierta que se dirigía a una trepidantemente al Orión. Por apenas unos centímetros el Orión la evitó pero al caer la serpiente se volvió cristal y explotó lanzando esquirlas por todo el lugar. Uno de los pedazos casi le arrancó una pierna al Orión y varios se le incrustaron en la espalda. Z trató de desviarlos con su katana; pero no logró salvarse de todos. Uno de ellos le se le incrustó en el vientre y Z cayó de rodillas. El Orión se retorció de dolor pero eventualmente reaccionó, golpeó los escombros y un golem de roca de tres metros se alzó de ellos. Este embistió a Z quien trató de evitarlo pero no pudo. El golem se lo llevó por delante atravesando paredes de edificios con Z por delante. El Orión pronunció unas palabras en su lengua y el golem se detuvo en la planta baja de un edificio. Inmediatamente después, abrazó a Z al tiempo que la roca se empezaba a fundir. Z sintió como el calor quemaba velozmente su ropa y empezaba a llagar su piel, además había perdido a Ker al chocar con el golem. Tratando de librarse del Golem Z se empezó a destrozar la piel, pero alcanzó a colocar la mano en la funda de su espada y con ella golpeó el piso. Al instante un tornado golpeó el edificio en el que se encontraban destruyéndolo todo, golem incluido. Z salió disparado por la parte superior del tornado, se mantuvo en el aire por encima del centro del tornado buscando al Orión, quien ya se ponía de pie, desde ahí lanzó la funda de la espada al Orión. Éste último la esquivó agachándose y la funda golpeó los escombros a espaldas de él, este era un ataque que Z había aprendido de Frank; del lugar en que la funda golpeó el suelo se elevó un enorme árbol que separó sus poderosas raíces del suelo y empezó a andar con vida propia.
El joven Salazar Zaid sabía que había hecho mucho uso de su energía en muy mal estado físico y en un corto tiempo. El flujo acelerado de energía le había dejado las articulaciones ardiendo y sentía la espina dorsal como una lanza rígida. Su cuerpo ya no podía más. Dificultosamente se llevó las manos al vientre y notó el enorme trozo de cristal que lo había atravesado y como, entre este y golpe del Golem, le había destrozado el abdomen. Z perdió el control sobre los cuatro tornados y cayó de frente desde una altura de trescientos metros. Lo último que vio fue a su “Elemental” tomar por los brazos al Orión y partirlo por la mitad.
3
Z despertó en un cuarto que se le hizo familiar. Había estado ahí antes. La cama era pequeña, como para un adolescente. Z trató de moverse pero no pudo. Tenía muchos esparadrapos en el vientre y gasas por todo el cuerpo. Miró la pared y vio un banderín de los Halcones Marinos además de un diploma con el símbolo de la Academia en él. Estaba a nombre de Denninger McHaia. ¿Estaba en la tierra?
Al girar la cabeza vio que en una silla frente a su cama estaba una joven de su misma edad. Tenía la piel como de porcelana, los ojos eran grises, la nariz respingada le daba un toque de soberbia al rostro; tenía el cabello negro cortado en capas. Llevaba una blusa de color marrón y pantalones de mezclilla. Z tuvo problemas para reconocerla. La joven se paró y se dirigió cuidadosamente a la puerta, miró por el pasillo y echó seguro a la puerta. Se acercó a la cabecera de Z. tranquilamente sacó una daga del bolsillo de atrás y tomó a Z del cabello mientras le hundía la daga más o menos una pulgada en el cuello.
— Dime que diablos está pasando, querido amigo –dijo con una voz clara y fina.
— Como que necesito la sangre, querida amiga. La última vez que me fije había perdido mucha y no creo que pueda darme el lujo de perder la que se dirige a mi cerebro.
— No te preocupes, no creo que tu cerebro necesite mucha según dicen.
— Me mandan a cuidar a alguien pero nadie quiere que me ponga violento –Z tomó la mano de su amiga y retiró la daga de su cuello-. No sé como esperan que haga mi trabajo.
— Manteniendo las bajas civiles a un mínimo talvez.
— No me hagas reír que tengo un pequeño dolor de estómago –dijo Z tratando de enderezarse en la cama pero no pudo-. Dime, Andrea Parker, ¿Qué tan mal están las cosas?
— Pues según las noticias que llegan aquí los demonios están en guerra en el infierno –Z puso cara de preocupación-. Siendo unos demonios los Oriones, otros la Alianza y, los menos populares, la siempre querida Cofradía. ¿Por qué esa cara?
— Por nada –contestó Z-. ¿Qué ha pasado?
— Luego de tu genial desempeño en la protección de tu cuñado, el Consejo de los Planetas te quiere mandar a la horca. Muy extraño en estos días pero quieren castigarte a manera poner ejemplo.
— Claro.
— Pues la idea de traerte aquí fue de Kanryu.
— ¿Cómo es que la señora McHaia me aceptó aquí?
— Z. La señora McHaia nos aceptaría aquí incluso... bueno incluso luego de lo que has hecho; sin mencionar que lo hiciste para proteger a su hijo mayor.
— ¿Y que hay de los demás?
— Bueno, Kyle públicamente ha dicho que la pena de muerte no es la solución.
— ¿Y en privado?
— Ha venido todos los días a quererte asfixiar; pero ya turnándonos en tu cuidado estamos seguros que no te pasa nada. Debo decirte que Kanryu no está muy de acuerdo con lo que hiciste pero, como la mayoría, reconoce que ante los oponentes que tenías en realidad no tenías muchas opciones.
— Que desgracia. Lo hice todo pensando que no viviría para enfrentar las consecuencias pero heme aquí.
— Otra cosa más ha pasado –continuó la fría Andrea Parker-. Jamie y Lilly han desaparecido. El mismo día que trataron de matar a Kyle alguien atacó el Prometeo. Fue destruido completamente y luego se precipitó a un asteroide cercano. Una misión de reconocimiento fue enviada y no se sabe más. Se presume que fue otro Orión quién lo atacó. Lo cortó por la mitad con un ataque similar al “Látigo de Fuego” del señor McHaia. Denninger fue él solo en busca de Jamie, nadie lo pudo detener. Pero creemos que han de estar bien.
— ¿Basados en qué?
— Basados en una corazonada de Kanryu. Ahora –dijo Andrea retomando el asiento que ocupaba antes que Z despertara-. Dime, ¿Qué diablos pasa con estos Oriones?
Z tomó un largo suspiro, pero lo salvó la campana. Susana McHaia entró por la puerta con llaves en la mano.
— Que curioso. La puerta tenía llave –dijo sonriendo.
4
— ¿Qué piensas Lilly? –preguntó Jamie a su compañera de escape.
— En que los niveles de energía en la nave están muy bajos. Es casi imposible que alcancemos una colonia del Consejo. Tendremos que quedarnos en estas colonias en disputa y buscar la manera de sobrevivir.
Llevaban en la huida por más de una semana. En un inicio habían creído que sería sencillo alcanzar las colonias bajo el dominio del Consejo, pero la tarea se había vuelto imposible. Lilly estaba sentada a los mandos de la nave mirando fijamente el radar.
— Esta nave era exclusivamente para que pudieras escapar en caso de cualquier percance, ¿no? –Lilly asintió-. ¿Acaso no tiene algún dispositivo para que nos puedan localizar?
— Sí; pero se lo quite. No confío en nadie. Además si alguien nos viene a buscar no creo que sea de los que necesita algún aparato para hacerlo. Ve a descansar Jamie. Te llamo en un par de horas para tu turno de vigilancia.
Jamie abandonó la cabina principal y se dirigió al estrecho pasillo. El pasillo no era más que un pequeño túnel de poco más de metro y medio de diámetro. Este desembocaba en otra habitación que hacía las veces de bodega-dormitorio-cocina-comedor. Ahí Jamie se sentó en un pequeño sofá similar al de un dentista y se abrocho el cinturón. Al cerrar los ojos se dio cuenta de que no podría dormir mucho. Inmediatamente su mente empezó a mostrarle las imágenes de las caras de aquellos que había dejado atrás. Especialmente se preocupaba por el destino de Neil. Había entablado amistad con él y sin embargo lo había dejado a su suerte. Lilly asomó la cabeza por la entrada.
— Psst. Jamie. Ven.
Jamie abrió los ojos y siguió a Lilly. En la cabina Lilly le mostraba un mensaje en la pantalla. Éste decía A todas las naves en el área el Ejército del Consejo informa que se busca una nave de modelo SC CX que transporta a dos traidores del ejército que dieron información que resultó en la destrucción del Prometeo. Cualquier información será gratificada enormemente. Jamie leyó el mensaje y vio la hora de emisión.
— Tiene una diferencia de tres horas –dijo viendo el reloj de la nave-. Eso significa que está más o menos a un día de distancia; pero no sabemos en que dirección.
— ¿Qué significa el mensaje Jamie?
— Que el Consejo se ha quedado sin presencia militar en la zona y quien sea que nos anda buscando está en dominio del área. Buena idea fue la de desconectar el localizador. Esperemos que nadie nos encuentre. Tendremos que abandonar la nave.
5
Ethan y Kanryu llegaron al planeta Centurión dos semanas luego de la batalla de Z en contra de los Oriones en Neem Vai. Se reunieron con todos los miembros de la Cofradía en el Castillo. Estaban los cuatro Campeones, los cuatro Defensores, los tres Guardianes y todos los caballeros mayores.
— Vienen tarde –dijo Khan.
Kanryu simplemente le mostró el dedo medio.
— Jódase. Nosotros somos los que más hemos sacado el cuello en esta operación...
— Sí, insolente, mira donde nos han llevado.
— Insisto. Jódase. Si no le gusta como hacemos las cosas bienvenido es en levantar su trasero y hacer algo. Incluso talvez aprendemos algo en el transcurso, como por ejemplo entrenar discípulos incompetentes o a escondernos cuando las cosas se ponen difíciles. Veo que son útiles en evidencia que le han ayudado a alguien tan cobarde llegar a tan viejo.
Nadie dijo nada. Todos se quedaron boquiabiertos ante la explosión de un Kanryu que, aunque siempre había sido un tanto insolente, jamás había hablado así a uno de los campeones antes.
— Ahora bien genios. ¿Puede alguno de ustedes decirme donde se encuentra mi hermana?
— Denninger la está buscando –contestó Kaho.
— ¿Mandaron al recién recuperado Denninger a buscar a mi hermana, que está siendo seguida por un tipo que puede partir nodrizas por la mitad?
Kanryu no esperó respuesta se dio la vuelta y salió. Ethan miró la salida de su compañero, luego se acercó a la mesa de los Guardianes y colocó en ella cuatro medallones.
— Dos son de los tipos a los cuales Salazar asesinó en Neem Vai. Otro es del que había matado al Edecán en la luna de Júpiter, le dimos alcance hace unos días. El último es de un Orión que nos andaba siguiendo. Lo hicimos confesar y dijo que habían sido seis los que habían salido de ciudad Orión hace unos dos meses –todo lo dijo Ethan con una voz muy fría y calmada, como si Kanryu no hubiese roto todas las reglas de la Cofradía al insultar a uno de los Campeones en una de las Reuniones Mayores-. Sólo harían falta entonces los medallones del que atacó la Cofradía y del que atacó el Prometeo. Creemos que no fue el mismo –Todos lo miraron sorprendido-. La cacería sigue, sólo que la presa es distinta.
Ethan se dio la vuelta y salió por la misma puerta que había utilizado Kanryu.
— Son buenos en lo que hacen –dijo la Guardiana de la Gema Tierra-, admito eso. Pero que manera de comportarse de estos muchachos. ¿Sean, Balzac, no piensan hacer algo? ¡Son sus hijos! Enséñenles a comportarse.
— Están a dos medallones de abrir las puertas de la Ciudad Orión –contestó Esteban-. Además tenga en cuenta de que ninguno de ellos ha hecho algún desastre del cual tengan que rendir cuentas. Refiriéndome por alguno de ellos, no a mi hijo. Aún así ante el cambio de circunstancias han sacado el mejor provecho posible, rápidamente se han puesto al mando de la situación. Hasta hace unos momentos pensábamos que habíamos caído a merced de los Creadores. Ahora nos damos cuenta que entre los tres chicos han acabado con cuatro de ellos.
— Tiene razón Esteban –agregó Kazan-. Ahora estamos más cerca que nunca de abrir las puertas de la Ciudad Orión. Pero hay que preguntarnos. ¿Entra Kanryu en los planes luego de lo que acabamos de presenciar?
— No tiene sentido discutir si Kanryu entra o no –dijo Sean McHaia-. El único que tiene palabra en el asunto es Kanryu mismo. Dudo que lo podamos detener si desea entrar o lo podamos obligar a que entre si ese no es su deseo. Luego de lo que acaba de decir no lo veo muy interesado en seguir siendo parte de la Cofradía. Es mi hija quien me preocupa; aunque confío en ellos para sacar adelante la situación veo difícil que salgan ilesos de un posible enfrentamiento con ese otro Orión.
— Quizás un defensor deba acompañarlos –dijo Diana-, Esteban o Ian quizás son los más indicados.
— No –contestó Frank, quien se veía de mal humor-. No quiero que los defensores anden regados por ahí. Preferiría que salgan en búsqueda del último Orión. Si los muchachos irán tras el que atacó el Prometeo que los viejos les ayuden al menos con uno. Pero no debe ser una cacería abierta –agregó Frank-, ustedes no son cachorros. Si el Orión los ve a los cuatro tras él saldrá volando a esconderse, y tendríamos la misma situación que con los Edecanes de nuevo. No, quiero que le tiendan una trampa y de paso nos ocupemos de algo que ha estado en la mesa desde hace mucho tiempo ya.
— El nuevo Guardián de la Gema Fuego –dijo Kaho.
Khan la miró molesto.
— Yo ya dije. No seré yo –dijo Jacob McHaia.
— Yo tampoco –secundó Sean.
— Afortunadamente no tendrá que ser alguno de ustedes. O desafortunadamente, mejor dicho –dijo Kazan.
— ¿De qué habla? –preguntó Jacob.
— La Gema reacciona ante cierta persona. Brilla mucho cuando su voz suena en la habitación.
— ¿Está aquí dicha persona? –preguntó Ian.
Diana y Kazan menearon la cabeza.
— Lo descubrimos por casualidad. En cierta ocasión estábamos reunidos en el salón en el cual la Gema es guardada. Entonces se nos informó del suceso del Prometeo. El novicio que nos llevó la noticia la repitió en el aparato en el cual la había escuchado y al sonar la voz de esa cierta persona la gema brilló como si fuera a estallar. Esa voz debe ser de la persona por quien la Gema siente mayor afinidad.
— ¿Y quién es? .preguntaron varios al unísono.
Diana hizo llevar la Gema a la habitación e hizo pasar a un novicio. La Gema fue descubierta y el novicio encendió el aparato.
— Esto ha sido resultado del incompetente manejo por parte del Consejo de la guerra, sin mencionar como la Canciller Casandra se deja manejar por el puñado de fenómenos de la Cofradía simplemente porque uno de ellos le engendró un puñado de hijos –la Gema brilló mucho, tal como lo había dicho Diana- debemos llamar a elecciones inmediatas en cada planeta del Consejo y erradicar este mal que nos corroe y que pone en peligro nuestra existencia.
— ¿Es broma? -preguntó Esteban Zaid.
— Cada vez que la voz suena el mismo resultado se obtiene –contestó Kazan.
— ¿Y quién es? –preguntó de nuevo Esteban.
— Homero Batista un maldito peón de los Oriones –contestó Sean McHaia.
— ¿Batista? Me suena conocido –dijo Esteban.
— Era el tipo pendenciero más borracho que tú que tenía dos hijos en la Academia, lo conociste en las reuniones de padres. Su hijo menor siempre fue al mismo año que Andrea y Salazar-le contestó Ian.
— Entonces, ¿cómo procedemos? –preguntó Diana.
— Decimos públicamente la verdad –contestó Balzac, quien había estado casi ausente durante toda la reunión-. Decimos que él es el Guardián de la Gema. Dejemos que el poder lo corrompa, eso no deberá tardar más de un par de días, y cuando esté convencido de que es intocable el Orión se le acercará y entonces... bueno, talvez Salazar esté curado para entonces.
— O los matamos nosotros mismos al momento en que el Orión se deje ver –agregó Khan, quien había puesto su enojo de lado por un momento para elaborar la estratagema junto a su único retoño.
Todos los vieron muy serios.
— Sólo los Oriones se les puede ocurrir trampas así mientras hablan –dijo Kazan.
— ¿No es demasiado arriesgado? –Preguntó Ian- Nos estamos arriesgando a perder la Gema si esto no funciona.
— No –contestó cortante Khan-. Los Centuriones han esperado cabeza de iglesia durante mucho tiempo ya. Les daremos una y no se aburrirán de él en mucho tiempo haciendo fácil mantenerle la pista.
— Además cuando esto pase el último Orión se empezará a sentir desesperado por la presión que Ethan y Kanryu tendrán sobre él –continuó Balzac-. No será muy cuidadoso y se acercará a Batista en un par de días luego del anuncio.
— ¿Y si vemos que la Gema se aleja de nuestras manos? –continuó cuestionando Ian.
— Fácil –dijo Balzac-. Les cambiamos a los Centuriones a la Cabeza de la Iglesia...
— Por un mártir –concluyó Khan.
Los Guardianes ya nada dijeron. Diana dijo “lo pensaremos” antes de retirarse pero en sus adentros sabían que no había muchas otras opciones.
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CAPÍTULO SÉPTIMO.
1
Neil Van Verth iba en un módulo de transporte en el Prometeo cuando las luces de pronto se apagaron y el módulo se descarriló. Despedido de su asiento, Neil se golpeó la cabeza con la puerta. Vio la ventana como el módulo caía desde el riel, golpeando muchas cosas a su paso. Luego de varios vuelcos el módulo se detuvo y Neil empezó a guiarse en la oscuridad buscando la salida. En el módulo iban unos diez soldados, nadie se quejaba, pues la poca gravedad había hecho que la caída fuera más bien lenta. Uno de los soldados disparó hacia la ventana abriendo un agujero por el cual salieron todos.
— ¿Qué habrá pasado? –dijo uno de los soldados-. Las luces de emergencia aún no se encienden.
Neil sacó de su bolsillo una computadora portátil.
— Parece no haber conexión con el sistema de la nave... es como si estuviera apagado.
— Imposible –dijo uno de los soldados mientras sacaba su computadora. Revisó en ella y luego la golpeó con la palma de la mano-. No puede ser. El sistema nunca ha fallado.
— Momento –dijo Neil al ver una señal en la pantalla-. Un servidor de emergencia está transmitiendo. ¡Hay señal! Es un mensaje. “Prometeo bajo ataque”.
— Que nos digan algo que no sepamos –dijo uno de los soldados.
Neil miró bajo la tenue luz de la lámpara a los soldados que lo acompañaban. Se dirigían a uno de los puertos en el momento en que la energía había caído.
— Muy bien –dijo Neil viendo a sus alrededores. Se encontraban en uno de los parques cerca del centro del Prometeo, muy alejados de donde el ataque había tenido lugar-. ¿En que nivel estamos de cualquier manera?
— En el tercero Teniente. Lo reconozco porque aquí traigo a mi hijo mis días libres.
— Por Dios. ¿Qué habrá pasado con todas las personas? –preguntó otro soldado.
— Deben de estar refugiados; pero ahora tenemos que ver que podemos hacer –dijo Neil. En ese momento un nuevo mensaje llegó a su computadora. Lo que leyó lo dejó frío. Levantó la vista hacia los soldados y estos lo miraban expectante.
— ¿Qué dice el mensaje Teniente? –preguntaron. El otro soldado con computadora leyó el mensaje también.
— “Defensas del Prometeo han colapsado. Ataque de Adepto al Fuego. Prometeo se precipita a asteroide cercano. Abandonen la nave. Abandonen el Prometeo”.
Una enorme explosión destruyó una sección aledaña al parque donde se encontraban. La luz iluminó las caras de los jóvenes soldados quienes no miraban el fuego sino a su Teniente; esperaban órdenes.
— Abandonen la nave. Yo tengo algo por hacer.
Neil empezó a correr hasta el edificio central que servía de conexión para todas las zonas militarizadas de la nave. Avanzó por los pasillos y luego de unos diez minutos dio con el salón A – 16. Ahí no encontró a nadie. Lo único que había era una botella de vodka vacía. Neil pensó entonces en Jamie y salió en su búsqueda. No la encontró. Neil van Verth empezó a desesperar y a perder su frío raciocinio buscando personas en la nave que bien, o ya no estaban, o habían perdido la vida en la batalla. Sin embargo Neil encontró a alguien a quien no esperaba ver. Sentado en el piso de uno de los pasillos se encontraba el representante de la Cofradía en el Prometeo. Ayax estaba tirado en uno de los pasillos como si nada ocurriera.
— ¿Dónde está Jamie? ¿Qué haces ahí tirado cuando la nave es atacada? Se supone que esta clase de situaciones es la razón por la cual te mandaron aquí –El enorme Centurión simplemente se quedó tirado en el piso-. ¡Ayax! ¡Contéstame!
Áyax levantó la cara y miro fríamente a Neil a los ojos.
— ¿Sabes por qué los nombres griegos? –Neil lo miró extrañado-. En la Cofradía te dan un nombre griego cuando te vuelves caballero, o cuando haces una misión larga. Yo soy Ayax por Ayax hijo de Telamón. Gran guerrero de los aqueos en la Íliada. El hermano de Jamie, Kanryu, es Aquiles, el más rápido de los Aqueos y favorito de los dioses –Ayax levantó los hombros-. Nos dan nombres griegos porque cuando Marco e Ilyakob (Jacob McHaia) llegaron a la Tierra, Grecia fue uno de los lugares donde aterrizaron. Marco se enamoró de la cultura griega, más tarde lo harían también Frank y Khan. Cuando la Cofradía de los Guardianes de las Gemas se reestructuró hace diez años ellos tomaron mucho de las sociedades de la Tierra. Tomaron los nombres griegos para nosotros los caballeros porque ellos se consideran dioses. Verás Neil, los grandes guerreros griegos tenían sus destinos ya trazados y no había manera de que los evitaran, no había manera de que se evitara ese destino trazado por los dioses y así como Héctor no pudo escapara de la furia del matador de hombres Aquiles, yo no puedo evitar escapar de este enfrentamiento. Bien puede ser que Frank y Khan no supieran al momento de mandarme aquí que el Prometeo no llegaría ni siquiera a la mitad de su misión; pero eso no quiere decir que, al mandarnos a estas tareas que muchas veces están por sobre nuestras capacidades, no se estén comportando como dioses del Olimpo –Neil calló y comprendió a lo que Ayax se refería. Todos los soldados eran simplemente peones en el gran esquema de las cosas. Incluso él, con toda su autoridad para diseñar las operaciones, no era más que un soldado que ejecutaba lo que alguien más le decía. Ayax se levantó y le colocó una mano en el hombro a Neil-. No te preocupes por Jamie, ella se sabe cuidar sola y... si alguna vez nos vemos de nuevo, llámame Daniel. Ese es mi nombre. Ahora que presentar a “un Creador” con el Creador.
Ayax se alejó riendo mientras todo en el Prometeo empezaba a arder.
2
Z estaba confundido. Miraba a ambos lados y se dio cuenta que estaba en una encrucijada. Por un lado los que tenía a su derecha seguramente lo tratarían de matar. Por otro lado Kyle, que estaba a su izquierda, no dejaría que se defendiera. Incluso sin la intervención de Kyle las posibilidades de Z eran malísimas. Rápidamente llegó a una decisión.
— ¡Presión! –gritó Z.
Inmediatamente el edificio colapsó por el peso de la atmósfera por sobre él. La verdad era que este era uno de los mejores ataques de Z. Consistía en crear una enorme concentración de aire por encima de algo o alguien y luego liberarla para destruir a lo que tuviera por debajo. Los veinte pisos del hotel se desplomaron uno sobre otro como si fuera un castillo de cartas. Sin embargo Z no se detuvo ahí. Mientras todo caía, tomo a Ker y la elevó por sobre su cabeza.
— ¡Ráfaga! –gritó mientras dio un golpe al aire.
De la punta de su katana salió una ráfaga que golpeó a uno de los Oriones en el brazo mientras caía. El brazo se separó del cuerpo al instante. Aún en la caída Z se impulsó en uno de los pisos que se precipitaba y atravesó al Orión herido en el vientre. Mientras giraba lentamente la espada le dijo:
— Tienes suerte. Podrás decir que te dio muerte un verdadero guerrero –al tener el filo de la espada en dirección de la cabeza, Z lo cortó a lo largo y lo remató cortándolo por la mitad.
El piso en el que se encontraban terminó por caer y, con un movimiento de la espada por sobre su cabeza, se deshizo de los dos pisos restantes mandándolos a otras zonas.
— ¡Salazar! –le gritó Kyle.
Z lo miró por sobre el hombro con la sonrisa inocente que lo caracterizaba. Golpeó tres veces con la funda de su espada en el suelo y, al momento, tres tornados de enorme magnitud golpearon la ciudad.
— Ve a salvarlos cuñado. Ellos cuentan contigo –le dijo Z a Kyle sonriendo.
— ¡¿Qué te has vuelto loco?! ¿Sabes a cuantos Neem Vai has matado?
— Unos trescientos más o menos; pero serán mucho más si no encuentras la manera de detener esos tornados. ¿Qué dices Kyle? ¿Qué vale más? ¿La vida de este Orión, ó la de miles de Neem Vai? Decide rápido –dijo señalándole un edificio que empezaba a ser devorado por el primer tornado
— ¡Pagarás por esta Salazar! –le amenazó Kyle mientras se alejaba volando.
Z vio al Orión restante. Estaba de pie frente a una cuarta parte del cadáver de su compañero.
— Increíble –dijo el alto Orión moreno pateando el cadáver-. No creí que entre los de la cofradía hubiera alguien...
— ¡La caída de la serpiente! –gritó Z, de las nubes se formó una enorme serpiente con la mandíbula abierta que se dirigía a una trepidantemente al Orión. Por apenas unos centímetros el Orión la evitó pero al caer la serpiente se volvió cristal y explotó lanzando esquirlas por todo el lugar. Uno de los pedazos casi le arrancó una pierna al Orión y varios se le incrustaron en la espalda. Z trató de desviarlos con su katana; pero no logró salvarse de todos. Uno de ellos le se le incrustó en el vientre y Z cayó de rodillas. El Orión se retorció de dolor pero eventualmente reaccionó, golpeó los escombros y un golem de roca de tres metros se alzó de ellos. Este embistió a Z quien trató de evitarlo pero no pudo. El golem se lo llevó por delante atravesando paredes de edificios con Z por delante. El Orión pronunció unas palabras en su lengua y el golem se detuvo en la planta baja de un edificio. Inmediatamente después, abrazó a Z al tiempo que la roca se empezaba a fundir. Z sintió como el calor quemaba velozmente su ropa y empezaba a llagar su piel, además había perdido a Ker al chocar con el golem. Tratando de librarse del Golem Z se empezó a destrozar la piel, pero alcanzó a colocar la mano en la funda de su espada y con ella golpeó el piso. Al instante un tornado golpeó el edificio en el que se encontraban destruyéndolo todo, golem incluido. Z salió disparado por la parte superior del tornado, se mantuvo en el aire por encima del centro del tornado buscando al Orión, quien ya se ponía de pie, desde ahí lanzó la funda de la espada al Orión. Éste último la esquivó agachándose y la funda golpeó los escombros a espaldas de él, este era un ataque que Z había aprendido de Frank; del lugar en que la funda golpeó el suelo se elevó un enorme árbol que separó sus poderosas raíces del suelo y empezó a andar con vida propia.
El joven Salazar Zaid sabía que había hecho mucho uso de su energía en muy mal estado físico y en un corto tiempo. El flujo acelerado de energía le había dejado las articulaciones ardiendo y sentía la espina dorsal como una lanza rígida. Su cuerpo ya no podía más. Dificultosamente se llevó las manos al vientre y notó el enorme trozo de cristal que lo había atravesado y como, entre este y golpe del Golem, le había destrozado el abdomen. Z perdió el control sobre los cuatro tornados y cayó de frente desde una altura de trescientos metros. Lo último que vio fue a su “Elemental” tomar por los brazos al Orión y partirlo por la mitad.
3
Z despertó en un cuarto que se le hizo familiar. Había estado ahí antes. La cama era pequeña, como para un adolescente. Z trató de moverse pero no pudo. Tenía muchos esparadrapos en el vientre y gasas por todo el cuerpo. Miró la pared y vio un banderín de los Halcones Marinos además de un diploma con el símbolo de la Academia en él. Estaba a nombre de Denninger McHaia. ¿Estaba en la tierra?
Al girar la cabeza vio que en una silla frente a su cama estaba una joven de su misma edad. Tenía la piel como de porcelana, los ojos eran grises, la nariz respingada le daba un toque de soberbia al rostro; tenía el cabello negro cortado en capas. Llevaba una blusa de color marrón y pantalones de mezclilla. Z tuvo problemas para reconocerla. La joven se paró y se dirigió cuidadosamente a la puerta, miró por el pasillo y echó seguro a la puerta. Se acercó a la cabecera de Z. tranquilamente sacó una daga del bolsillo de atrás y tomó a Z del cabello mientras le hundía la daga más o menos una pulgada en el cuello.
— Dime que diablos está pasando, querido amigo –dijo con una voz clara y fina.
— Como que necesito la sangre, querida amiga. La última vez que me fije había perdido mucha y no creo que pueda darme el lujo de perder la que se dirige a mi cerebro.
— No te preocupes, no creo que tu cerebro necesite mucha según dicen.
— Me mandan a cuidar a alguien pero nadie quiere que me ponga violento –Z tomó la mano de su amiga y retiró la daga de su cuello-. No sé como esperan que haga mi trabajo.
— Manteniendo las bajas civiles a un mínimo talvez.
— No me hagas reír que tengo un pequeño dolor de estómago –dijo Z tratando de enderezarse en la cama pero no pudo-. Dime, Andrea Parker, ¿Qué tan mal están las cosas?
— Pues según las noticias que llegan aquí los demonios están en guerra en el infierno –Z puso cara de preocupación-. Siendo unos demonios los Oriones, otros la Alianza y, los menos populares, la siempre querida Cofradía. ¿Por qué esa cara?
— Por nada –contestó Z-. ¿Qué ha pasado?
— Luego de tu genial desempeño en la protección de tu cuñado, el Consejo de los Planetas te quiere mandar a la horca. Muy extraño en estos días pero quieren castigarte a manera poner ejemplo.
— Claro.
— Pues la idea de traerte aquí fue de Kanryu.
— ¿Cómo es que la señora McHaia me aceptó aquí?
— Z. La señora McHaia nos aceptaría aquí incluso... bueno incluso luego de lo que has hecho; sin mencionar que lo hiciste para proteger a su hijo mayor.
— ¿Y que hay de los demás?
— Bueno, Kyle públicamente ha dicho que la pena de muerte no es la solución.
— ¿Y en privado?
— Ha venido todos los días a quererte asfixiar; pero ya turnándonos en tu cuidado estamos seguros que no te pasa nada. Debo decirte que Kanryu no está muy de acuerdo con lo que hiciste pero, como la mayoría, reconoce que ante los oponentes que tenías en realidad no tenías muchas opciones.
— Que desgracia. Lo hice todo pensando que no viviría para enfrentar las consecuencias pero heme aquí.
— Otra cosa más ha pasado –continuó la fría Andrea Parker-. Jamie y Lilly han desaparecido. El mismo día que trataron de matar a Kyle alguien atacó el Prometeo. Fue destruido completamente y luego se precipitó a un asteroide cercano. Una misión de reconocimiento fue enviada y no se sabe más. Se presume que fue otro Orión quién lo atacó. Lo cortó por la mitad con un ataque similar al “Látigo de Fuego” del señor McHaia. Denninger fue él solo en busca de Jamie, nadie lo pudo detener. Pero creemos que han de estar bien.
— ¿Basados en qué?
— Basados en una corazonada de Kanryu. Ahora –dijo Andrea retomando el asiento que ocupaba antes que Z despertara-. Dime, ¿Qué diablos pasa con estos Oriones?
Z tomó un largo suspiro, pero lo salvó la campana. Susana McHaia entró por la puerta con llaves en la mano.
— Que curioso. La puerta tenía llave –dijo sonriendo.
4
— ¿Qué piensas Lilly? –preguntó Jamie a su compañera de escape.
— En que los niveles de energía en la nave están muy bajos. Es casi imposible que alcancemos una colonia del Consejo. Tendremos que quedarnos en estas colonias en disputa y buscar la manera de sobrevivir.
Llevaban en la huida por más de una semana. En un inicio habían creído que sería sencillo alcanzar las colonias bajo el dominio del Consejo, pero la tarea se había vuelto imposible. Lilly estaba sentada a los mandos de la nave mirando fijamente el radar.
— Esta nave era exclusivamente para que pudieras escapar en caso de cualquier percance, ¿no? –Lilly asintió-. ¿Acaso no tiene algún dispositivo para que nos puedan localizar?
— Sí; pero se lo quite. No confío en nadie. Además si alguien nos viene a buscar no creo que sea de los que necesita algún aparato para hacerlo. Ve a descansar Jamie. Te llamo en un par de horas para tu turno de vigilancia.
Jamie abandonó la cabina principal y se dirigió al estrecho pasillo. El pasillo no era más que un pequeño túnel de poco más de metro y medio de diámetro. Este desembocaba en otra habitación que hacía las veces de bodega-dormitorio-cocina-comedor. Ahí Jamie se sentó en un pequeño sofá similar al de un dentista y se abrocho el cinturón. Al cerrar los ojos se dio cuenta de que no podría dormir mucho. Inmediatamente su mente empezó a mostrarle las imágenes de las caras de aquellos que había dejado atrás. Especialmente se preocupaba por el destino de Neil. Había entablado amistad con él y sin embargo lo había dejado a su suerte. Lilly asomó la cabeza por la entrada.
— Psst. Jamie. Ven.
Jamie abrió los ojos y siguió a Lilly. En la cabina Lilly le mostraba un mensaje en la pantalla. Éste decía A todas las naves en el área el Ejército del Consejo informa que se busca una nave de modelo SC CX que transporta a dos traidores del ejército que dieron información que resultó en la destrucción del Prometeo. Cualquier información será gratificada enormemente. Jamie leyó el mensaje y vio la hora de emisión.
— Tiene una diferencia de tres horas –dijo viendo el reloj de la nave-. Eso significa que está más o menos a un día de distancia; pero no sabemos en que dirección.
— ¿Qué significa el mensaje Jamie?
— Que el Consejo se ha quedado sin presencia militar en la zona y quien sea que nos anda buscando está en dominio del área. Buena idea fue la de desconectar el localizador. Esperemos que nadie nos encuentre. Tendremos que abandonar la nave.
5
Ethan y Kanryu llegaron al planeta Centurión dos semanas luego de la batalla de Z en contra de los Oriones en Neem Vai. Se reunieron con todos los miembros de la Cofradía en el Castillo. Estaban los cuatro Campeones, los cuatro Defensores, los tres Guardianes y todos los caballeros mayores.
— Vienen tarde –dijo Khan.
Kanryu simplemente le mostró el dedo medio.
— Jódase. Nosotros somos los que más hemos sacado el cuello en esta operación...
— Sí, insolente, mira donde nos han llevado.
— Insisto. Jódase. Si no le gusta como hacemos las cosas bienvenido es en levantar su trasero y hacer algo. Incluso talvez aprendemos algo en el transcurso, como por ejemplo entrenar discípulos incompetentes o a escondernos cuando las cosas se ponen difíciles. Veo que son útiles en evidencia que le han ayudado a alguien tan cobarde llegar a tan viejo.
Nadie dijo nada. Todos se quedaron boquiabiertos ante la explosión de un Kanryu que, aunque siempre había sido un tanto insolente, jamás había hablado así a uno de los campeones antes.
— Ahora bien genios. ¿Puede alguno de ustedes decirme donde se encuentra mi hermana?
— Denninger la está buscando –contestó Kaho.
— ¿Mandaron al recién recuperado Denninger a buscar a mi hermana, que está siendo seguida por un tipo que puede partir nodrizas por la mitad?
Kanryu no esperó respuesta se dio la vuelta y salió. Ethan miró la salida de su compañero, luego se acercó a la mesa de los Guardianes y colocó en ella cuatro medallones.
— Dos son de los tipos a los cuales Salazar asesinó en Neem Vai. Otro es del que había matado al Edecán en la luna de Júpiter, le dimos alcance hace unos días. El último es de un Orión que nos andaba siguiendo. Lo hicimos confesar y dijo que habían sido seis los que habían salido de ciudad Orión hace unos dos meses –todo lo dijo Ethan con una voz muy fría y calmada, como si Kanryu no hubiese roto todas las reglas de la Cofradía al insultar a uno de los Campeones en una de las Reuniones Mayores-. Sólo harían falta entonces los medallones del que atacó la Cofradía y del que atacó el Prometeo. Creemos que no fue el mismo –Todos lo miraron sorprendido-. La cacería sigue, sólo que la presa es distinta.
Ethan se dio la vuelta y salió por la misma puerta que había utilizado Kanryu.
— Son buenos en lo que hacen –dijo la Guardiana de la Gema Tierra-, admito eso. Pero que manera de comportarse de estos muchachos. ¿Sean, Balzac, no piensan hacer algo? ¡Son sus hijos! Enséñenles a comportarse.
— Están a dos medallones de abrir las puertas de la Ciudad Orión –contestó Esteban-. Además tenga en cuenta de que ninguno de ellos ha hecho algún desastre del cual tengan que rendir cuentas. Refiriéndome por alguno de ellos, no a mi hijo. Aún así ante el cambio de circunstancias han sacado el mejor provecho posible, rápidamente se han puesto al mando de la situación. Hasta hace unos momentos pensábamos que habíamos caído a merced de los Creadores. Ahora nos damos cuenta que entre los tres chicos han acabado con cuatro de ellos.
— Tiene razón Esteban –agregó Kazan-. Ahora estamos más cerca que nunca de abrir las puertas de la Ciudad Orión. Pero hay que preguntarnos. ¿Entra Kanryu en los planes luego de lo que acabamos de presenciar?
— No tiene sentido discutir si Kanryu entra o no –dijo Sean McHaia-. El único que tiene palabra en el asunto es Kanryu mismo. Dudo que lo podamos detener si desea entrar o lo podamos obligar a que entre si ese no es su deseo. Luego de lo que acaba de decir no lo veo muy interesado en seguir siendo parte de la Cofradía. Es mi hija quien me preocupa; aunque confío en ellos para sacar adelante la situación veo difícil que salgan ilesos de un posible enfrentamiento con ese otro Orión.
— Quizás un defensor deba acompañarlos –dijo Diana-, Esteban o Ian quizás son los más indicados.
— No –contestó Frank, quien se veía de mal humor-. No quiero que los defensores anden regados por ahí. Preferiría que salgan en búsqueda del último Orión. Si los muchachos irán tras el que atacó el Prometeo que los viejos les ayuden al menos con uno. Pero no debe ser una cacería abierta –agregó Frank-, ustedes no son cachorros. Si el Orión los ve a los cuatro tras él saldrá volando a esconderse, y tendríamos la misma situación que con los Edecanes de nuevo. No, quiero que le tiendan una trampa y de paso nos ocupemos de algo que ha estado en la mesa desde hace mucho tiempo ya.
— El nuevo Guardián de la Gema Fuego –dijo Kaho.
Khan la miró molesto.
— Yo ya dije. No seré yo –dijo Jacob McHaia.
— Yo tampoco –secundó Sean.
— Afortunadamente no tendrá que ser alguno de ustedes. O desafortunadamente, mejor dicho –dijo Kazan.
— ¿De qué habla? –preguntó Jacob.
— La Gema reacciona ante cierta persona. Brilla mucho cuando su voz suena en la habitación.
— ¿Está aquí dicha persona? –preguntó Ian.
Diana y Kazan menearon la cabeza.
— Lo descubrimos por casualidad. En cierta ocasión estábamos reunidos en el salón en el cual la Gema es guardada. Entonces se nos informó del suceso del Prometeo. El novicio que nos llevó la noticia la repitió en el aparato en el cual la había escuchado y al sonar la voz de esa cierta persona la gema brilló como si fuera a estallar. Esa voz debe ser de la persona por quien la Gema siente mayor afinidad.
— ¿Y quién es? .preguntaron varios al unísono.
Diana hizo llevar la Gema a la habitación e hizo pasar a un novicio. La Gema fue descubierta y el novicio encendió el aparato.
— Esto ha sido resultado del incompetente manejo por parte del Consejo de la guerra, sin mencionar como la Canciller Casandra se deja manejar por el puñado de fenómenos de la Cofradía simplemente porque uno de ellos le engendró un puñado de hijos –la Gema brilló mucho, tal como lo había dicho Diana- debemos llamar a elecciones inmediatas en cada planeta del Consejo y erradicar este mal que nos corroe y que pone en peligro nuestra existencia.
— ¿Es broma? -preguntó Esteban Zaid.
— Cada vez que la voz suena el mismo resultado se obtiene –contestó Kazan.
— ¿Y quién es? –preguntó de nuevo Esteban.
— Homero Batista un maldito peón de los Oriones –contestó Sean McHaia.
— ¿Batista? Me suena conocido –dijo Esteban.
— Era el tipo pendenciero más borracho que tú que tenía dos hijos en la Academia, lo conociste en las reuniones de padres. Su hijo menor siempre fue al mismo año que Andrea y Salazar-le contestó Ian.
— Entonces, ¿cómo procedemos? –preguntó Diana.
— Decimos públicamente la verdad –contestó Balzac, quien había estado casi ausente durante toda la reunión-. Decimos que él es el Guardián de la Gema. Dejemos que el poder lo corrompa, eso no deberá tardar más de un par de días, y cuando esté convencido de que es intocable el Orión se le acercará y entonces... bueno, talvez Salazar esté curado para entonces.
— O los matamos nosotros mismos al momento en que el Orión se deje ver –agregó Khan, quien había puesto su enojo de lado por un momento para elaborar la estratagema junto a su único retoño.
Todos los vieron muy serios.
— Sólo los Oriones se les puede ocurrir trampas así mientras hablan –dijo Kazan.
— ¿No es demasiado arriesgado? –Preguntó Ian- Nos estamos arriesgando a perder la Gema si esto no funciona.
— No –contestó cortante Khan-. Los Centuriones han esperado cabeza de iglesia durante mucho tiempo ya. Les daremos una y no se aburrirán de él en mucho tiempo haciendo fácil mantenerle la pista.
— Además cuando esto pase el último Orión se empezará a sentir desesperado por la presión que Ethan y Kanryu tendrán sobre él –continuó Balzac-. No será muy cuidadoso y se acercará a Batista en un par de días luego del anuncio.
— ¿Y si vemos que la Gema se aleja de nuestras manos? –continuó cuestionando Ian.
— Fácil –dijo Balzac-. Les cambiamos a los Centuriones a la Cabeza de la Iglesia...
— Por un mártir –concluyó Khan.
Los Guardianes ya nada dijeron. Diana dijo “lo pensaremos” antes de retirarse pero en sus adentros sabían que no había muchas otras opciones.
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domingo 14 de septiembre de 2008
Capítulo Sexto
Antes que mada mil disculpas por el atraso. No me había atrasado tanto en una publicación y como buen pecador prometo no volverlo a hacer. Espero disfruten y dejen comentarios.
V
1
Kyle McHaia estaba sentado en la mesa principal de una conferencia acerca del uso del Zeus en la guerra. El Zeus era la principal arma de las naves nodrizas como el Prometeo. Creando un voltaje enorme, el Zeus impactaba ciudades enteras de la Alianza, dejando sólo muerte a su paso. El problema era que no sólo destruía objetivos militares sino civiles. En su participación, Kyle, había disertado acerca de que, en caso la guerra llegara a territorios del Consejo, armas similares fueran usadas en contra de “nuestros pueblos” por la Alianza. Kyle había sido ovacionado por los participantes y ahora la conferencia la cerraba un afamado filosofo Ietarr. Pero Kyle no pensaba en eso. Su mente estaba fija en una tarjeta que había encontrado en su carpeta personal. Nadie, excepto él, tocaba esa carpeta. La tarjeta leía “Olvidadizo”. La letra era de Kanryu, pero la tinta era azul. Kanryu no ocupaba más que tinta roja. Ese simple hecho lo tenía desconcertado desde la mañana. ¿Quién diablos había tocado su carpeta?
2
Neil Van Verth había pertenecido al ejército desde los dieciséis. Se había destacado como soldado de infantería. Su sueño había sido ser piloto de Mecha, pero esos puestos estaban reservados para hijos de nobles, o de millonarios que estaban en el ejército para continuar la línea militar de sus familias. Neil siempre resintió eso; pero su inteligencia y habilidades de mando le abrieron puertas, hasta que se hizo de una beca para estudiar estrategia militar. Cuando creyó estar en el alza, ser parte de la élite del ejército se encontró con la realidad de la élite. Que sin importar preparación, familia, puesto, experiencia; la Cofradía está por encima de todos. Había cierto punto al cual su inteligencia y habilidad lo llevaba, y ya lo había alcanzado. Decepcionado Neil pasaba los días a la espera de las primeras misiones embelesado viendo a la sargenta Jamie McHaia. La joven enérgica, inteligente, bella distaba mucho del concepto que Neil se había hecho de personas de su clase. Jamie había emprendido hacía unas semanas el entrenamiento para pilotar Mechas y Neil estaba casi tan emocionado como ella. Si bien ella por pura influencia pudo haber accedido al entrenamiento, no lo hizo. El mismo mayor Solae la había solicitado y estaba orgulloso de tenerla como discípula.
—Olvídelo Teniente Van Verth.
Neil miró alarmado buscando quién le hablaba pero no vio a nadie, excepto a una joven que lo miraba desde unos cien metros. Tuvo problemas reconociéndola pero vio, al fin, en ella a la nieta de la Canciller. Vio a Lilian McLeod. Neil empezó a dudar si había escuchado algo en lo absoluto, pero la voz sonó de nuevo en su cabeza.
—No pierda tiempo persiguiendo a alguien que no es dueña de su propio corazón. Además, mírese a usted mismo. De donde se encuentra no avanzará en muchos años. El título de Teniente que de manera tan precipitada ha alcanzado no lo abandonará en mucho tiempo, acostúmbrese a el, a su posición y a la clase de personas con las que puede tratar gracias a el. La señorita McHaia puede aspirar a mucho más que a un simple teniente del ejército. A mucho más que un humano. Mire al frente suyo, no me mire a mí. Mire al hombre al otro lado del puente. Daniel Sarracen es un hombre en ascenso y, créame, mucho más poderoso que usted.
Neil se sintió aturdido y vio cómo Lilian sonreía y desparecía de su vista. Daniel Sarracen lo observaba de lejos como con fuego en sus ojos. Al cruzarse las miradas Neil no pudo hacer más que evitar la de Sarracen, cruzando ahora miradas con Jamie quien parecía igual de aturdida. Neil salió del puente. Al cruzar los pasillos no se percató que pasó a la par de Lilian McLeod, quien sonreía para sus adentros. Hay muchas maneras de divertirse en la vida para quien sabe como hacerlo.
3
Era treinta de Septiembre. Se habían citado para reunirse los campeones de las gemas y los defensores en el mismo hotel donde hacía cuatro meses se habían reunido para discutir la misión de Ethan y Kanryu. Ahora el motivo de la reunión era otro. Discutir el comportamiento de Lord Khan y su discípulo, Oliver Parker.
—Esto tiene escrito emboscada por todas partes –dijo Esteban Zaid-. Si Khan aparece juro que dejo de beber.
El más anciano de todos, Frank, fue el único que acompañó el chiste con una carcajada. Los demás estaban demasiado tensos para bromas.
—Si Khan viene –dijo el anciano-, yo dejo el juego.
—Oiga, no haga falsas promesas.
—Querido Esteban. Es más fácil que yo deje el juego a que tú dejes la bebida.
En eso el mesero se acercó a pedir órdenes.
—Dame una botella de sake –pidió en idioma Centurión-. Me la tomo ahora toda. Puede que sea la última.
—Hijo, no pidas sake. Esto es Centurión. Tendrás suerte si tienen Vodka.
Mientras Esteban Zaid y Frank intercambiaban chanzas, los demás presentes tenían cara de entierro. Jacob McHaia miraba fijo el lugar donde hacía unos meses su nieta salía graduada de la Academia. Su hijo Sean miraba constantemente su reloj. Balzac McLeod golpeaba con los dedos la mesa a la cual estaba sentado. El rubio Ian Parker estaba sentado con las piernas cruzadas y con la mano izquierda se restregaba a menudo los ojos, como alguien que desesperadamente espera la resolución de algo. Una resolución en específico o cualquiera que sea, pero una resolución al fin. Marco Kapranos estaba de frente a Frank y tenía una mirada de reproche sobre el anciano.
— ¿Qué? –dijo el anciano.
—De este me lo podría esperar –dijo señalando a Esteban Zaid-, después de todo, no tiene educación...
— ¡Hey! –dijo el aludido.
—...pero de usted –dijo indignado Kapranos-. Esperaría una aptitud más adecuada para la situación. Es el futuro de la Cofradía que está en juego. Denninger podría no caminar de nuevo. Y usted hace chistes el día en que se decide tanto.
—Relájate Marco. No hay mal que la seriedad cure, ni problema que se solucione con preocuparse. Khan vendrá. Por el bien de la Cofradía, por el bien de la misión, de Denninger, será mejor escucharlo. Negociaremos algo con él. Confía en mí.
Media hora más tarde entró Lord Khan. Iba con él su discípulo, Oliver Parker. Ambos fueron objetos de la mirada de todos. Tanto Zaid como Balzac McLeod estaban listos para servir de barrera en caso que los familiares de Denninger, su padre Sean y sus abuelos Marco y Jacob, se abalanzaran sobre los recién llegados, pero no hubo necesidad. La reacción de Ian Parker fue distinta. Se paró en el instante que vio a su hijo. Lo vio desaliñado y golpeado, el color de su piel era pálido, casi blanco y alrededor suyo un aura de verdadera frialdad se sentía. Fue Balzac en romper el silencio.
— ¿Orgulloso de tu discípulo, Padre?
—Sí. A decir verdad lo estoy. A falta de un hijo competente la vida me ha provisto de un aprendiz virtuoso.
Ian iba a hablar pero Balzac alzó una mano para que callara. Balzac no hablaba mucho, así que cuando lo hacía, los demás preferían no interrumpirlo.
—Veo que me has estimado al menos, Padre. Si me hubieras entrenado quizás habría fenecido hace mucho tiempo. Oliver, hijo de mi amigo. Has abandonado la casa de tu padre, las enseñanzas de aquellos que nos preocupamos genuinamente por tu bienestar. ¿Y todo por qué? ¿Por poder? Te has engañado pues no posees alguno. No posees siquiera decisión sobre tu vida, todo lo controla el que llamas maestro. Eras un joven saludable y feliz. Mira en lo que te has convertido. Es miedo lo que buscas infundir con esa apariencia pero no obtienes más que lástima y causas dolor y pena a tus padres. Reflexiona sobre tu vida Oliver. Aún es tiempo para que vuelvas a nosotros y abandones tu búsqueda sin sentido.
Balzac miró a Oliver a los ojos durante todo el tiempo y el muchacho mantuvo una mirada indiferente hacia su primer maestro. De pronto, Frank alzó una mano como pidiendo la palabra. Cuando obtuvo la atención de los presentes, habló.
—Oliver, una cosa te quiero decir. He visto a lo largo de mi vida como Lord Khan trata a sus aprendices. Déjame decirte que, talentoso como eres, tampoco eres el mejor. Sin embargo vas por la vida pensando que tus poderes te hacen intocable. Hijo, hay repercusiones para cada uno de tus actos y aquel que a hierro mata, a hierro muere. Si caminas por ahí dejando gente inválida –el anciano se paró y le colocó una mano en el hombro-, eventualmente te encontrarás con alguien que no estima a tu padre y terminarás muerto.
Oliver cambió su expresión por una de ira de manera inmediata. Lord Khan se percató y alzó su brazo deteniendo a Oliver antes de que cometiera alguna estupidez que le costara la vida. Frank se dirigió ahora a Lord Khan.
—Ahora dime tú viejo amigo. ¿Qué diablos has estado enseñando a este muchacho? ¿Le dices acaso que viéndose así, o atacando personas al azar generará respeto? Lilly, nuestra nieta, es más pequeña que yo, siempre viste falda, siempre está hermosa. Tres minutos con ella y causa terror –Sean, Marco, Jacob y especialmente Esteban asintieron-. Andrea, tu hermana –dijo dirigiéndose a Oliver-, nunca ha lastimado a nadie y es alguien a quien ninguna persona tomaría como débil –Frank acercóse más a Oliver y le dijo-. Alexander Dark es más estimado y a la vez más conocido y temido que tú nunca lo serás mientras te encuentres con Khan.
—Anciano Frank. Tu vejez te vuelve tan arrogante como eres ignorante –contestó Oliver-. Crees que pasaré mi vida como tu nieto, evitando confrontaciones. No. Yo escribiré mi nombre en la historia con la sangre de mis enemigos.
—Solamente tienes suerte de que Kanryu Takeda no se ha enterado de lo que has hecho a Denninger hijo –dijo Ian Parker-. Sino tus anhelos por enfrentarlo se convertirían en verdadero pánico.
Oliver ya no sabía a quien quería atacar más, si a Frank o a su propio padre. Pero Sean McHaia resolvió el asunto.
-No Ian. De Kanryu, Oliver no se debe preocupar. Kanryu ha dicho que lo perdona –Sean alargó una nota a Oliver. Éste la tomo y la leyó con furia en sus ojos-. Kanryu dice que en su infinita grandeza y sabiduría comprende como alguien como él, un epítome de la perfección, generaría envidia en formas seudo masculinas inferiores. Kanryu dice que Oliver es libre de caminar gracias a la voluntad del gran Takeda, y que, hasta su retorno, no juicio ni represalia será tomada en el peón Oliver.
Esteban se carcajeó y arrebato la nota a Oliver de un manotazo.
—Vaya que ego –leyó rápidamente la nota-. Oye Oliver, también dice que “deja a tu conciencia tus acciones, mas no te culpa si no las enmiendas, pues seres de inteligencia limitada no pueden ser hechos responsables de ellas”. Vaya este Kanryu. Es un genio.
Oliver abandonó la terraza.
—En cuanto a ti, Lord Khan –dijo Sean McHaia-. Tengo un hijo con problemas al caminar...
—Son dos McHaia. ¿A cuál te refieres?
—Al que tu discípulo hizo daño. Al que te conviene curar...
—¿Conviene? Palabras muy grandes para un Takeda tan pequeño. ¿Por qué me convendría curar?
—Porque sino, Kanryu e Ethan no te dejarán entrar a la Ciudad de los Oriones.
—Takeda. Yo no necesito de tus recaderos para encontrar a los Edecanes. Oliver puede hacer eso por mí. Y de manera más eficiente, déjame agregar.
—Tú sabes juzgar a las personas mejor que yo Khan –dijo Marco Kapranos-. Lo siento Ian, pero a este paso Oliver terminará su vida de manera pronta y violenta –Ian bajó la cabeza pues sabía que las palabras de Marco eran ciertas-. No pienses Khan que las habilidades de Oliver valen tanto como las de mi nieto, o como las de los tuyos. No es broma. Cuida más de ese muchacho. Si no lo haces, no es tu discípulo a quien pierdes. Sino al hijo de alguien muy peligroso para ti.
—Así que, ¿qué dices Khan? ¿Cuándo arreglas a mi hijo? ¿Ahora, o ahora?
—Sé que no te gustan los ultimátum Khan –dijo el viejo Frank-, pero tu fuerza no te sirve de nada ahora. Necesitas de todos. De Sean, Balzac, Esteban, Ian. De los viejos y de los jóvenes. El objetivo que nos hemos planteado está lejos y necesitaremos la mayor cantidad de personas posibles para alcanzarlo.
Lord Khan se dio la vuelta y empezó la retirada. Vencido, por ahora.
—Cuando llegues a casa tu hijo tendrá sus pies como nuevos McHaia.
—Otra cosa –le dijo Ian. Khan se dio la vuelta, claramente irritado.
—Quiero que reniegue a mi hijo como aprendiz.
Khan se dio la vuelta sin decir nada. Sean McHaia le echó el brazo encima a Ian y le dio unas palmadas en el hombro.
—No te preocupes Ian –le dijo Esteban Zaid-. Kanryu no le dará pelea a Oliver. Kanryu sabe que esa es la mejor manera de dañar a Oliver, ofendiéndolo y luego ignorarlo. Ethan ni siquiera reconocerá que existe.
—Lo sé –dijo Ian Parker-. Menos mal que ni Salazar ni... menos mal que no están aquí. Ellos no dudarían en emparejar a Oliver con lo que le hizo a Denninger.
Sean solo calló, pues era el único de los presentes que sabía que Salazar Zaid había regresado.
4
En un siete de Octubre, un edecán corría por una congestionada calle. Tropezaba a menudo con las personas que lo miraban de reojo y luego lo ignoraban. Miró hacia arriba, miró el domo. Éste domo traslúcido dejaba percibir al gigante gaseoso Júpiter, alrededor del cual orbitaba Europa. En su juventud el edecán jamás pensó que llegaría tan lejos. Criado dentro de la Ciudad Orión, el edecán, nunca se había supuesto que existieran personas distintas a él. Antes de los veinte años jamás escuchó el término Centurión. Ahora conocía más de veinte razas distintas, sus proveniencias, sus igualdades y diferencias genéticas, sus filosofías y políticas. El edecán había aprendido mucho desde que se convirtió en uno de los auxiliares de Xoad, el secretario general de los regentes de la Ciudad de Orión. Si bien afuera de la ciudad él ya no era nadie, en su época había sido poderoso. Pero desde hacía diez años estaba viviendo de incógnito en diversos lugares alejado de su tierra natal. Ahora huía de un Orión y de un híbrido. Antes los habría enfrentado. Ahora sólo valía permanecer con vida por unos años más.
Se dirigió a un café. El lugar estaba prácticamente vacío. Respiró profundamente mientras las personas que ahí se encontraban lo miraban extrañados. Pidió un café a la mesera y se dirigió directamente al baño. Se miró al espejo. Tenía los ojos rojos, llevaba días escondiéndose por lo cual no se había rasurado. Se lavó la cara y al enderezarse vio en el espejo, tras de sí, a un joven rubio y desaliñado de tez pálida. El edecán iba a gritar pero este le tapó la boca.
— ¿Huyes, Relie?
El edecán asintió, sorprendido de que el joven supiera su nombre.
— Si vienes conmigo me deshago gustosamente de Perseo y de Aquiles por ti. Ellos te asesinarán cruelmente por tu secreto. Yo te prometo que serás libre y estarás a salvo.
— ¿Quién eres? ¿Detecto en ti una fuerza terrible de origen Orión?
— Yo soy Oliver, aprendiz de Khan. Demando conocer tu séptima parte del secreto para entrar en la Ciudad de los Oriones.
Relie cambió de expresión. La severa mirada en el rostro del joven ya no le pareció tan aterradora.
— Ningún Sabxai arribista se quedará con mi secreto. Antes tendrás que matarme.
— Te has equivocado terriblemente edecán.
Oliver asestó un golpe a la cara de Relie; pero éste permaneció inamovible.
— ¿Aprendiz? Aspirante diría yo.
Relie tomó a Oliver por el cuello y lo lanzó a través de la pared del baño hasta llegar a media calle. Ahí se encontraban parados otros dos jóvenes. A ellos los reconoció. Eran ellos de quienes Relié huía.
El pelirrojo miró a Oliver tirado en el suelo, lamentándose de sus golpes.
— No me digas que trataste de golpear a un Orión –dijo entre risas mientras le sacudía el hormigón de la cabeza con la mano-. Oliver nunca, pero nunca, golpees a un Orión si no sabes defenderte.
Relie buscó algún escape. Un tren elevado transitaba por sobre las cabezas de los jóvenes. Relie no lo pensó dos veces. Lanzó un poderoso golpe al suelo. El impacto se trasladó como onda hasta el pilar que sostenía al tren, el cual tambaleó por encima de sus cazadores. Los tres jóvenes miraron hacia arriba y fue Oliver quien actuó primero, elevando una torre de hielo desde el desagüe hasta detener el vagón. Kanryu lo miró sorprendido, pero para ese momento Relie ya escapaba.
— Oliver, eres oportuno así como eres talentoso –dijo Kanryu. Oliver alcanzó a sonreír para sí-. Esas son las aguas negras de la ciudad, esto parecerá porqueriza dentro de poco. Vamonos.
5
Caminaron a paso moderado por la ciudad principal. Buscando a cada paso algún rastro del Edecán, pero no dieron con él por más que buscaron. Ni Kanryu ni Ethan le dirigieron la palabra a Oliver, quien persistió en seguirlos durante todo el día. Pasado un tiempo Kanryu rompió el silencio.
— Ninguna nave sale antes de las 2000 horas. El edecán se encuentra en algún lado, pero no podemos estar seguros donde.
— ¿Cuántos puertos hay? –preguntó Ethan.
— Nueve. Todos ellos están cerrados por celebración oficial. Pero abrirán a las 1930. A las 2000 empiezan los vuelos a la Tierra y a las 2030 los vuelos al Sistema Sagatt.
— Creo que preferirá ir al Sistema Sagatt antes de ir a la Tierra –comentó Oliver, pero ninguno de los dos le hizo caso.
Kanryu se recostó en una pared, pensativo.
— Perseo, creo que hemos perdido a este. Todo se nos complica a partir de ahora. Si toma una nave hacia el Sistema Sagatt, Dios sabe en cuantas colonias se puede ocultar, si se va a la Tierra, olvídalo.
— Somos tres, podemos repartirnos los puertos para...
— Oliver, no somos. Grábate eso en la cabeza –le dijo Kanryu-, tú no eres parte de la Cofradía. Tú eres el gran aprendiz a matón de Khan. Así que, aunque el mismo Khan te haya dicho que busques a los edecanes, no nos importa. Ve, sigue tu propio camino, ve donde la nariz te apunte. No perderé el tiempo escuchando tus rabietas de quiero ser el mejor, quiero ser el mejor. Así que, si aprecias el miserable día a día llevando recados del viejo Tigre, mantente fuera de mi camino y, por Dios, te ordeno, que te mantengas alejado de mi familia.
Ethan estaba con los ojos cerrados y de brazos cruzados, muy concentrado. De pronto abrió los ojos. Oliver reaccionó de la misma manera.
— ¿Sentiste eso? –preguntó Oliver.
— Tocó agua –dijo Ethan dirigiéndose a Kanryu-. Está en un parque en el centro.
Kanryu miró el reloj en el campanario de una iglesia, eran las 7:30.
Los tres partieron en la misma dirección. Kanryu se preguntaba como es que Ethan sabía esa clase de cosas, pero ya se había acostumbrado a las rarezas de su compañero. Cuando llegaron al parque encontraron al edecán flotando en el agua de la fuente. Estaba boca abajo y tenía una daga clavada en la espalda. Los tres pararon en seco y miraron a los alrededores. El lugar estaba absolutamente calmado.
6
— ¡Alguien más los está buscando! –gritó Kanryu a Sean McHaia a través del teléfono.
— Kanryu, tienes que calmarte.
— ¡El tipo está muerto! Frío, tieso. Ya teníamos una parte del secreto, teníamos que cazar solamente a cinco más y ahora uno de ellos está muerto,
Sean McHaia hizo memoria y recordó que el segundo edecán que habían encontrado, el que se había estado escondiendo en el domo de minería, no llevaba consigo el sello que serviría para abrir la puerta de la Ciudad Orión, una vez los siete fueran reunidos.
— Será mejor que regresen. Denninger ya se encuentra bien y aquí espera; sólo nos faltaría localizar a Salazar que no lo encontramos por ningún lado.
— Salazar regresará –contestó Kanryu-. Lo mandé a... está haciendo algo por mí.
La comunicación se cortó. En la habitación estaban reunidos los cuatro Defensores, Sean McHaia, Esteban Zaid, Ian Parker y Balzac McLeod. Sean los miró pidiendo opiniones.
— Supongo que es el mismo tipo que trató de atacar el Castillo de la Cofradía –dijo Esteban, quién sostenía una toalla húmeda sobre su frente. Ian asintió y se recostó en la pared.
— Esperaré a ver que tiene que decir Frank acerca de esto –contestó Sean McHaia. De pronto la cacería de los Edecanes parecía haber terminado.
7
Era el veintiuno de Octubre. Kyle acababa de tener una reunión con un líder reconocido de una población Neem Vai, quien solicitaba su ayuda para que abogara por su causa. La causa era erradicar el reclutamiento forzado en esa región, que era una de las más pobres del planeta. Kyle pensó para sí, durante el camino de regreso a su hotel en una de las ciudades de dicha región, que el ejército -como era ahora- era consecuencia directa de las acciones de su padre.
Al entrar en la habitación y encender la luz, Kyle encontró a dos Oriones. Uno de ellos era un hombre de color de más de dos metros de altura. El otro era un poco más bajo y de tez clara. Ambos iban vestidos de negro y llevaban sendas lanzas plateadas que brillaban intensamente.
— Ni en mis sueños creí que acabar contigo sería tan fácil –dijo el hombre de color.
Kyle mantuvo la calma y se apoyó en su bastón ladeando su cabeza. Se quitó los lentes y habló en un perfecto idioma de los Centuriones antiguos, que era lo único que se hablaba en la Ciudad Orión.
— ¿Quiénes son ustedes que osan presentarse ante mí con armas desenfundadas?
Los hombres se quedaron extrañados y un frío mortal les recorrió la espalda. Kyle se dirigió a un sillón que estaba a menos de dos metros de donde se encontraban ambos y tomó asiento.
— Aja. Espero –agregó.
Los hombres y Kyle mantuvieron durante largo rato un gran silencio, mirándose fijamente. Kyle esperaba que ellos dijeran algo, ellos esperaban que Kyle tratara de huir. Uno de ellos alzó lentamente su lanza hasta que esta se encontraba a la altura de los ojos de Kyle. Con voz muy calmada dijo
— Muere...
En ese momento una ráfaga de viento destruyó la pared de la habitación lanzando lejos la lanza. Cuando el polvo se esparció Kyle logró ver que, entre él y los Oriones, se encontraba Z con Ker en su mano.
— Disculpa el desorden futuro cuñado; pero a la velocidad que venía se me hacía muy difícil entrar de manera distinta –dijo Z a Kyle con una gran sonrisa-. Más Oriones. Qué afortunado soy, pues en poco menos de un mes me he encontrado con tres de su clase –dijo dirigiéndose a los Oriones.
Z se extrañó al ver la tensión reinante en la habitación. Sabiamente optó por guardar a Ker en su funda.
— ¿Quiénes son? –insistió Kyle, hablando en el idioma que sólo tres de los cuatro presentes dominaban. Z miró confundido de un lado a otro.
— Hemos venido a matarte –contestó uno de ellos.
— Saben que lo que debe de ser, debe de ser –contestó Kyle-. Además deben saber que si me matan, regresaré.
— Así que... ¿lo sabes? –preguntó uno de los Oriones.
Kyle asintió.
— Les pediré que a él lo dejen ir –dijo señalando a Z-, tengo profundos sentimientos por su hermana y no soportaría pensar que por mi culpa ella perdiera a su hermano.
— El de la katana puede irse –dijo el hombre de tez clara a Kyle. Luego le dijo a Z en un idioma que él entendiera-. Vete. Lo que está a punto de suceder no es para que sea presenciado por ti.
Z miró a Kyle extrañado.
— Salazar, por favor, vete. Cuida de tu hermana, ella te necesitará.
Z desenfundó a Ker y miró a los Oriones.
— Así que hasta aquí llego yo –dijo Z en voz baja-. Son dos Oriones que fácilmente pueden matarme y mi único aliado prefiere morir antes de dañar a otro ser viviente. Dos contra uno, malas probabilidades. Malísimas probabilidades.
8
El Mecha de Jamie saltó por los aires cuando el rayo lanzado desde el Prometeo impactó cerca de donde se encontraba parada. Con dificultad Jamie reaccionó e hizo revisión de los daños. La pantalla mostraba daños del treinta por ciento. Era la tercera operación del GOC y la segunda en la que participaba Jamie como piloto de Mechas. Esta vez habían dado con una colonia, en un asteroide alejado, que servía como centro de abastecimiento para las naves de los Kreor. El rayo lanzado desde el Prometeo había destruido todo en un radio de tres kilómetros. Jamie colocó de pie de nuevo a su Mecha y salió de nuevo a la batalla. El mecha corría rápidamente por el campo disparando a las naves de los Kreor, que parecían un enjambre de abejas asesinas alrededor de todo el campo de batalla. Los soldados del GOC eran presa fácil de los Ullarg, quienes, vistiendo armaduras, eran prácticamente indetenibles. Jamie se encargó de varios de ellos, pero un tanque de la Alianza la derribó con un disparó en el pecho. El Mecha de Jamie cayó en el campo. Los Kreor, que se movían a una velocidad trepidante, rápidamente llegaron hasta el Mecha y comenzaron a golpearlo con sus afiladas garras destruyendo la coraza. Jamie hizo una revisión de nuevo, esta vez el daño llegaba al cuarenta y cinco por ciento. No podía seguir. Con dificultad se alzó y mandó la señal al Prometeo para ser retirada del campo. Una nave partió desde el puerto del Prometeo y se acopló a la cintura del Mecha, elevándolo y llevándoselo del campo. Jamie salió del Mecha una vez estuvo en el puerto. Ahí todos corrían de un lado a otro sin dar atención a quienes llegaban. Una voz sonó en la megafonía del puerto.
— SE ORDENA QUE LAS NAVES LIGERAS PARTAN EN APOYO PARA CUBRIR LA RETIRADA INMEDIATAMENTE.
El mensaje se repitió varias veces y las naves partían una tras otra y al poco rato regresaban con los Mechas muy dañados. Jamie no pasó por enfermería, fue directamente hasta el salón A 16, el salón del GOC. En el A 16 sólo se encontraba Euforbo sentado en su sillón mirando fijamente a la mesa. Jamie hizo el respectivo saludo militar. El coronel Euforbo no lo contestó.
— Ha muerto. La mayor Tea ha muerto –dijo con mucha tristeza en su voz-. Su nave fue derribada cuando estaban tratando de bombardear una de las fábricas. En la imagen satelital se pudo ver como los Kreor destruyeron la nave y la tomaron aún con vida...
Euforbo no pudo seguir. Jamie reconoció mucha tristeza en su voz, incluso para ser Centurión, quienes no demuestran muchas emociones. Ella misma no pudo evitar sentirse molesta por la muerte de todos los que habían caído. Habían sido superados en número terriblemente y no habían sido rival en la batalla. Las bajas ascendían en el GOC a doscientos soldados y en las del Prometeo, en general, a dos mil soldados. Había sido un desastre.
Entonces la puerta se abrió. El A 16 se encontraba a oscuras y la única luz provenía de la puerta. Jamie vio una figura a contraluz, reconociendo en ella a Lilly McLeod.
— Jamie, por favor sígueme –dijo Lilly con la voz afligida.
Jamie la siguió por los pasillos, sin decir palabra, hasta la habitación de Lilly.
— Jamie, tenemos que huir.
— ¿Huir? ¿Qué te pasa?
— Jamie, corremos peligro aquí y estamos demasiado lejos para que alguien de la Cofradía nos ayude. Lo mejor que podemos hacer es huir y esperar salir sanas de esto.
— Estamos en una base militar con miles de soldados y tecnología de punta. Cierto que este no es uno de sus mejores momentos, pero creo que estamos bastante seguras aquí Lilly.
Lilly se arrodilló y abrazó las rodillas de Jamie llorando.
— ¡Por favor Jamie, no me quiero morir, por favor huyamos de aquí!
Jamie se asustó al ver a la orgullosa Lilian McLeod rogando por su vida. Jamie se arrodilló a la par de ella y la tomó por los hombros sacudiéndola.
— ¡¿Qué diablos te sucede, reacciona por Dios?!
Luego de zarandearla un rato Lilly abrió los ojos, sólo por volverlos a cerrar y colocar sus dedos en los lados de la cabeza.
— ¿Qué haces ahora? –le preguntó Jamie.
— Shh. Siento la presencia de un Orión.
Las luces de la habitación se apagaron y buena parte del Prometeo quedó casi a oscuras. Jamie sintió como Lilly la tomó de la mano y la arrastró corriendo por pasillos. La chica maniobro con habilidad por los pasillos atestados de personas, todas ellas en histeria colectiva.
— ¿Sabes pilotar naves medianas? –preguntó Lilly.
— Sí.
Al poco rato llegaron a uno de los puertos del Prometeo. Extrañamente el puerto estaba prácticamente vacío.
— Les di a todos la idea que no se acercaran a este puerto –le dijo Lilly.
Jamie se sorprendió ante la genial aplicación del poder de Lilly para colocar ideas en cabezas ajenas. Ambas se subieron a una nave que estaba a parte. La nave era exclusiva para el transporte de Lilly y estaba acondicionada todo el tiempo para partir repentinamente. Lilly tomó la mano de Jamie y la miró con mucha seriedad.
— Gracias Jamie. Jamás olvidaré esto.
Jamie pilotó la nave y entonces empezó a pensar si acaso Lilly la había manipulado para que escapara con ella. Cuando salieron al espacio, ambas vieron como un Orión estaba partiendo por la mitad al Prometeo sin más ayuda que un rayo luminoso que partía de su mano.
— ¿Qué diablos es eso? –preguntó Jamie.
— Supongo que alguien que nos anda buscando –contestó Lilly-. Vamos, acelera.
V
1
Kyle McHaia estaba sentado en la mesa principal de una conferencia acerca del uso del Zeus en la guerra. El Zeus era la principal arma de las naves nodrizas como el Prometeo. Creando un voltaje enorme, el Zeus impactaba ciudades enteras de la Alianza, dejando sólo muerte a su paso. El problema era que no sólo destruía objetivos militares sino civiles. En su participación, Kyle, había disertado acerca de que, en caso la guerra llegara a territorios del Consejo, armas similares fueran usadas en contra de “nuestros pueblos” por la Alianza. Kyle había sido ovacionado por los participantes y ahora la conferencia la cerraba un afamado filosofo Ietarr. Pero Kyle no pensaba en eso. Su mente estaba fija en una tarjeta que había encontrado en su carpeta personal. Nadie, excepto él, tocaba esa carpeta. La tarjeta leía “Olvidadizo”. La letra era de Kanryu, pero la tinta era azul. Kanryu no ocupaba más que tinta roja. Ese simple hecho lo tenía desconcertado desde la mañana. ¿Quién diablos había tocado su carpeta?
2
Neil Van Verth había pertenecido al ejército desde los dieciséis. Se había destacado como soldado de infantería. Su sueño había sido ser piloto de Mecha, pero esos puestos estaban reservados para hijos de nobles, o de millonarios que estaban en el ejército para continuar la línea militar de sus familias. Neil siempre resintió eso; pero su inteligencia y habilidades de mando le abrieron puertas, hasta que se hizo de una beca para estudiar estrategia militar. Cuando creyó estar en el alza, ser parte de la élite del ejército se encontró con la realidad de la élite. Que sin importar preparación, familia, puesto, experiencia; la Cofradía está por encima de todos. Había cierto punto al cual su inteligencia y habilidad lo llevaba, y ya lo había alcanzado. Decepcionado Neil pasaba los días a la espera de las primeras misiones embelesado viendo a la sargenta Jamie McHaia. La joven enérgica, inteligente, bella distaba mucho del concepto que Neil se había hecho de personas de su clase. Jamie había emprendido hacía unas semanas el entrenamiento para pilotar Mechas y Neil estaba casi tan emocionado como ella. Si bien ella por pura influencia pudo haber accedido al entrenamiento, no lo hizo. El mismo mayor Solae la había solicitado y estaba orgulloso de tenerla como discípula.
—Olvídelo Teniente Van Verth.
Neil miró alarmado buscando quién le hablaba pero no vio a nadie, excepto a una joven que lo miraba desde unos cien metros. Tuvo problemas reconociéndola pero vio, al fin, en ella a la nieta de la Canciller. Vio a Lilian McLeod. Neil empezó a dudar si había escuchado algo en lo absoluto, pero la voz sonó de nuevo en su cabeza.
—No pierda tiempo persiguiendo a alguien que no es dueña de su propio corazón. Además, mírese a usted mismo. De donde se encuentra no avanzará en muchos años. El título de Teniente que de manera tan precipitada ha alcanzado no lo abandonará en mucho tiempo, acostúmbrese a el, a su posición y a la clase de personas con las que puede tratar gracias a el. La señorita McHaia puede aspirar a mucho más que a un simple teniente del ejército. A mucho más que un humano. Mire al frente suyo, no me mire a mí. Mire al hombre al otro lado del puente. Daniel Sarracen es un hombre en ascenso y, créame, mucho más poderoso que usted.
Neil se sintió aturdido y vio cómo Lilian sonreía y desparecía de su vista. Daniel Sarracen lo observaba de lejos como con fuego en sus ojos. Al cruzarse las miradas Neil no pudo hacer más que evitar la de Sarracen, cruzando ahora miradas con Jamie quien parecía igual de aturdida. Neil salió del puente. Al cruzar los pasillos no se percató que pasó a la par de Lilian McLeod, quien sonreía para sus adentros. Hay muchas maneras de divertirse en la vida para quien sabe como hacerlo.
3
Era treinta de Septiembre. Se habían citado para reunirse los campeones de las gemas y los defensores en el mismo hotel donde hacía cuatro meses se habían reunido para discutir la misión de Ethan y Kanryu. Ahora el motivo de la reunión era otro. Discutir el comportamiento de Lord Khan y su discípulo, Oliver Parker.
—Esto tiene escrito emboscada por todas partes –dijo Esteban Zaid-. Si Khan aparece juro que dejo de beber.
El más anciano de todos, Frank, fue el único que acompañó el chiste con una carcajada. Los demás estaban demasiado tensos para bromas.
—Si Khan viene –dijo el anciano-, yo dejo el juego.
—Oiga, no haga falsas promesas.
—Querido Esteban. Es más fácil que yo deje el juego a que tú dejes la bebida.
En eso el mesero se acercó a pedir órdenes.
—Dame una botella de sake –pidió en idioma Centurión-. Me la tomo ahora toda. Puede que sea la última.
—Hijo, no pidas sake. Esto es Centurión. Tendrás suerte si tienen Vodka.
Mientras Esteban Zaid y Frank intercambiaban chanzas, los demás presentes tenían cara de entierro. Jacob McHaia miraba fijo el lugar donde hacía unos meses su nieta salía graduada de la Academia. Su hijo Sean miraba constantemente su reloj. Balzac McLeod golpeaba con los dedos la mesa a la cual estaba sentado. El rubio Ian Parker estaba sentado con las piernas cruzadas y con la mano izquierda se restregaba a menudo los ojos, como alguien que desesperadamente espera la resolución de algo. Una resolución en específico o cualquiera que sea, pero una resolución al fin. Marco Kapranos estaba de frente a Frank y tenía una mirada de reproche sobre el anciano.
— ¿Qué? –dijo el anciano.
—De este me lo podría esperar –dijo señalando a Esteban Zaid-, después de todo, no tiene educación...
— ¡Hey! –dijo el aludido.
—...pero de usted –dijo indignado Kapranos-. Esperaría una aptitud más adecuada para la situación. Es el futuro de la Cofradía que está en juego. Denninger podría no caminar de nuevo. Y usted hace chistes el día en que se decide tanto.
—Relájate Marco. No hay mal que la seriedad cure, ni problema que se solucione con preocuparse. Khan vendrá. Por el bien de la Cofradía, por el bien de la misión, de Denninger, será mejor escucharlo. Negociaremos algo con él. Confía en mí.
Media hora más tarde entró Lord Khan. Iba con él su discípulo, Oliver Parker. Ambos fueron objetos de la mirada de todos. Tanto Zaid como Balzac McLeod estaban listos para servir de barrera en caso que los familiares de Denninger, su padre Sean y sus abuelos Marco y Jacob, se abalanzaran sobre los recién llegados, pero no hubo necesidad. La reacción de Ian Parker fue distinta. Se paró en el instante que vio a su hijo. Lo vio desaliñado y golpeado, el color de su piel era pálido, casi blanco y alrededor suyo un aura de verdadera frialdad se sentía. Fue Balzac en romper el silencio.
— ¿Orgulloso de tu discípulo, Padre?
—Sí. A decir verdad lo estoy. A falta de un hijo competente la vida me ha provisto de un aprendiz virtuoso.
Ian iba a hablar pero Balzac alzó una mano para que callara. Balzac no hablaba mucho, así que cuando lo hacía, los demás preferían no interrumpirlo.
—Veo que me has estimado al menos, Padre. Si me hubieras entrenado quizás habría fenecido hace mucho tiempo. Oliver, hijo de mi amigo. Has abandonado la casa de tu padre, las enseñanzas de aquellos que nos preocupamos genuinamente por tu bienestar. ¿Y todo por qué? ¿Por poder? Te has engañado pues no posees alguno. No posees siquiera decisión sobre tu vida, todo lo controla el que llamas maestro. Eras un joven saludable y feliz. Mira en lo que te has convertido. Es miedo lo que buscas infundir con esa apariencia pero no obtienes más que lástima y causas dolor y pena a tus padres. Reflexiona sobre tu vida Oliver. Aún es tiempo para que vuelvas a nosotros y abandones tu búsqueda sin sentido.
Balzac miró a Oliver a los ojos durante todo el tiempo y el muchacho mantuvo una mirada indiferente hacia su primer maestro. De pronto, Frank alzó una mano como pidiendo la palabra. Cuando obtuvo la atención de los presentes, habló.
—Oliver, una cosa te quiero decir. He visto a lo largo de mi vida como Lord Khan trata a sus aprendices. Déjame decirte que, talentoso como eres, tampoco eres el mejor. Sin embargo vas por la vida pensando que tus poderes te hacen intocable. Hijo, hay repercusiones para cada uno de tus actos y aquel que a hierro mata, a hierro muere. Si caminas por ahí dejando gente inválida –el anciano se paró y le colocó una mano en el hombro-, eventualmente te encontrarás con alguien que no estima a tu padre y terminarás muerto.
Oliver cambió su expresión por una de ira de manera inmediata. Lord Khan se percató y alzó su brazo deteniendo a Oliver antes de que cometiera alguna estupidez que le costara la vida. Frank se dirigió ahora a Lord Khan.
—Ahora dime tú viejo amigo. ¿Qué diablos has estado enseñando a este muchacho? ¿Le dices acaso que viéndose así, o atacando personas al azar generará respeto? Lilly, nuestra nieta, es más pequeña que yo, siempre viste falda, siempre está hermosa. Tres minutos con ella y causa terror –Sean, Marco, Jacob y especialmente Esteban asintieron-. Andrea, tu hermana –dijo dirigiéndose a Oliver-, nunca ha lastimado a nadie y es alguien a quien ninguna persona tomaría como débil –Frank acercóse más a Oliver y le dijo-. Alexander Dark es más estimado y a la vez más conocido y temido que tú nunca lo serás mientras te encuentres con Khan.
—Anciano Frank. Tu vejez te vuelve tan arrogante como eres ignorante –contestó Oliver-. Crees que pasaré mi vida como tu nieto, evitando confrontaciones. No. Yo escribiré mi nombre en la historia con la sangre de mis enemigos.
—Solamente tienes suerte de que Kanryu Takeda no se ha enterado de lo que has hecho a Denninger hijo –dijo Ian Parker-. Sino tus anhelos por enfrentarlo se convertirían en verdadero pánico.
Oliver ya no sabía a quien quería atacar más, si a Frank o a su propio padre. Pero Sean McHaia resolvió el asunto.
-No Ian. De Kanryu, Oliver no se debe preocupar. Kanryu ha dicho que lo perdona –Sean alargó una nota a Oliver. Éste la tomo y la leyó con furia en sus ojos-. Kanryu dice que en su infinita grandeza y sabiduría comprende como alguien como él, un epítome de la perfección, generaría envidia en formas seudo masculinas inferiores. Kanryu dice que Oliver es libre de caminar gracias a la voluntad del gran Takeda, y que, hasta su retorno, no juicio ni represalia será tomada en el peón Oliver.
Esteban se carcajeó y arrebato la nota a Oliver de un manotazo.
—Vaya que ego –leyó rápidamente la nota-. Oye Oliver, también dice que “deja a tu conciencia tus acciones, mas no te culpa si no las enmiendas, pues seres de inteligencia limitada no pueden ser hechos responsables de ellas”. Vaya este Kanryu. Es un genio.
Oliver abandonó la terraza.
—En cuanto a ti, Lord Khan –dijo Sean McHaia-. Tengo un hijo con problemas al caminar...
—Son dos McHaia. ¿A cuál te refieres?
—Al que tu discípulo hizo daño. Al que te conviene curar...
—¿Conviene? Palabras muy grandes para un Takeda tan pequeño. ¿Por qué me convendría curar?
—Porque sino, Kanryu e Ethan no te dejarán entrar a la Ciudad de los Oriones.
—Takeda. Yo no necesito de tus recaderos para encontrar a los Edecanes. Oliver puede hacer eso por mí. Y de manera más eficiente, déjame agregar.
—Tú sabes juzgar a las personas mejor que yo Khan –dijo Marco Kapranos-. Lo siento Ian, pero a este paso Oliver terminará su vida de manera pronta y violenta –Ian bajó la cabeza pues sabía que las palabras de Marco eran ciertas-. No pienses Khan que las habilidades de Oliver valen tanto como las de mi nieto, o como las de los tuyos. No es broma. Cuida más de ese muchacho. Si no lo haces, no es tu discípulo a quien pierdes. Sino al hijo de alguien muy peligroso para ti.
—Así que, ¿qué dices Khan? ¿Cuándo arreglas a mi hijo? ¿Ahora, o ahora?
—Sé que no te gustan los ultimátum Khan –dijo el viejo Frank-, pero tu fuerza no te sirve de nada ahora. Necesitas de todos. De Sean, Balzac, Esteban, Ian. De los viejos y de los jóvenes. El objetivo que nos hemos planteado está lejos y necesitaremos la mayor cantidad de personas posibles para alcanzarlo.
Lord Khan se dio la vuelta y empezó la retirada. Vencido, por ahora.
—Cuando llegues a casa tu hijo tendrá sus pies como nuevos McHaia.
—Otra cosa –le dijo Ian. Khan se dio la vuelta, claramente irritado.
—Quiero que reniegue a mi hijo como aprendiz.
Khan se dio la vuelta sin decir nada. Sean McHaia le echó el brazo encima a Ian y le dio unas palmadas en el hombro.
—No te preocupes Ian –le dijo Esteban Zaid-. Kanryu no le dará pelea a Oliver. Kanryu sabe que esa es la mejor manera de dañar a Oliver, ofendiéndolo y luego ignorarlo. Ethan ni siquiera reconocerá que existe.
—Lo sé –dijo Ian Parker-. Menos mal que ni Salazar ni... menos mal que no están aquí. Ellos no dudarían en emparejar a Oliver con lo que le hizo a Denninger.
Sean solo calló, pues era el único de los presentes que sabía que Salazar Zaid había regresado.
4
En un siete de Octubre, un edecán corría por una congestionada calle. Tropezaba a menudo con las personas que lo miraban de reojo y luego lo ignoraban. Miró hacia arriba, miró el domo. Éste domo traslúcido dejaba percibir al gigante gaseoso Júpiter, alrededor del cual orbitaba Europa. En su juventud el edecán jamás pensó que llegaría tan lejos. Criado dentro de la Ciudad Orión, el edecán, nunca se había supuesto que existieran personas distintas a él. Antes de los veinte años jamás escuchó el término Centurión. Ahora conocía más de veinte razas distintas, sus proveniencias, sus igualdades y diferencias genéticas, sus filosofías y políticas. El edecán había aprendido mucho desde que se convirtió en uno de los auxiliares de Xoad, el secretario general de los regentes de la Ciudad de Orión. Si bien afuera de la ciudad él ya no era nadie, en su época había sido poderoso. Pero desde hacía diez años estaba viviendo de incógnito en diversos lugares alejado de su tierra natal. Ahora huía de un Orión y de un híbrido. Antes los habría enfrentado. Ahora sólo valía permanecer con vida por unos años más.
Se dirigió a un café. El lugar estaba prácticamente vacío. Respiró profundamente mientras las personas que ahí se encontraban lo miraban extrañados. Pidió un café a la mesera y se dirigió directamente al baño. Se miró al espejo. Tenía los ojos rojos, llevaba días escondiéndose por lo cual no se había rasurado. Se lavó la cara y al enderezarse vio en el espejo, tras de sí, a un joven rubio y desaliñado de tez pálida. El edecán iba a gritar pero este le tapó la boca.
— ¿Huyes, Relie?
El edecán asintió, sorprendido de que el joven supiera su nombre.
— Si vienes conmigo me deshago gustosamente de Perseo y de Aquiles por ti. Ellos te asesinarán cruelmente por tu secreto. Yo te prometo que serás libre y estarás a salvo.
— ¿Quién eres? ¿Detecto en ti una fuerza terrible de origen Orión?
— Yo soy Oliver, aprendiz de Khan. Demando conocer tu séptima parte del secreto para entrar en la Ciudad de los Oriones.
Relie cambió de expresión. La severa mirada en el rostro del joven ya no le pareció tan aterradora.
— Ningún Sabxai arribista se quedará con mi secreto. Antes tendrás que matarme.
— Te has equivocado terriblemente edecán.
Oliver asestó un golpe a la cara de Relie; pero éste permaneció inamovible.
— ¿Aprendiz? Aspirante diría yo.
Relie tomó a Oliver por el cuello y lo lanzó a través de la pared del baño hasta llegar a media calle. Ahí se encontraban parados otros dos jóvenes. A ellos los reconoció. Eran ellos de quienes Relié huía.
El pelirrojo miró a Oliver tirado en el suelo, lamentándose de sus golpes.
— No me digas que trataste de golpear a un Orión –dijo entre risas mientras le sacudía el hormigón de la cabeza con la mano-. Oliver nunca, pero nunca, golpees a un Orión si no sabes defenderte.
Relie buscó algún escape. Un tren elevado transitaba por sobre las cabezas de los jóvenes. Relie no lo pensó dos veces. Lanzó un poderoso golpe al suelo. El impacto se trasladó como onda hasta el pilar que sostenía al tren, el cual tambaleó por encima de sus cazadores. Los tres jóvenes miraron hacia arriba y fue Oliver quien actuó primero, elevando una torre de hielo desde el desagüe hasta detener el vagón. Kanryu lo miró sorprendido, pero para ese momento Relie ya escapaba.
— Oliver, eres oportuno así como eres talentoso –dijo Kanryu. Oliver alcanzó a sonreír para sí-. Esas son las aguas negras de la ciudad, esto parecerá porqueriza dentro de poco. Vamonos.
5
Caminaron a paso moderado por la ciudad principal. Buscando a cada paso algún rastro del Edecán, pero no dieron con él por más que buscaron. Ni Kanryu ni Ethan le dirigieron la palabra a Oliver, quien persistió en seguirlos durante todo el día. Pasado un tiempo Kanryu rompió el silencio.
— Ninguna nave sale antes de las 2000 horas. El edecán se encuentra en algún lado, pero no podemos estar seguros donde.
— ¿Cuántos puertos hay? –preguntó Ethan.
— Nueve. Todos ellos están cerrados por celebración oficial. Pero abrirán a las 1930. A las 2000 empiezan los vuelos a la Tierra y a las 2030 los vuelos al Sistema Sagatt.
— Creo que preferirá ir al Sistema Sagatt antes de ir a la Tierra –comentó Oliver, pero ninguno de los dos le hizo caso.
Kanryu se recostó en una pared, pensativo.
— Perseo, creo que hemos perdido a este. Todo se nos complica a partir de ahora. Si toma una nave hacia el Sistema Sagatt, Dios sabe en cuantas colonias se puede ocultar, si se va a la Tierra, olvídalo.
— Somos tres, podemos repartirnos los puertos para...
— Oliver, no somos. Grábate eso en la cabeza –le dijo Kanryu-, tú no eres parte de la Cofradía. Tú eres el gran aprendiz a matón de Khan. Así que, aunque el mismo Khan te haya dicho que busques a los edecanes, no nos importa. Ve, sigue tu propio camino, ve donde la nariz te apunte. No perderé el tiempo escuchando tus rabietas de quiero ser el mejor, quiero ser el mejor. Así que, si aprecias el miserable día a día llevando recados del viejo Tigre, mantente fuera de mi camino y, por Dios, te ordeno, que te mantengas alejado de mi familia.
Ethan estaba con los ojos cerrados y de brazos cruzados, muy concentrado. De pronto abrió los ojos. Oliver reaccionó de la misma manera.
— ¿Sentiste eso? –preguntó Oliver.
— Tocó agua –dijo Ethan dirigiéndose a Kanryu-. Está en un parque en el centro.
Kanryu miró el reloj en el campanario de una iglesia, eran las 7:30.
Los tres partieron en la misma dirección. Kanryu se preguntaba como es que Ethan sabía esa clase de cosas, pero ya se había acostumbrado a las rarezas de su compañero. Cuando llegaron al parque encontraron al edecán flotando en el agua de la fuente. Estaba boca abajo y tenía una daga clavada en la espalda. Los tres pararon en seco y miraron a los alrededores. El lugar estaba absolutamente calmado.
6
— ¡Alguien más los está buscando! –gritó Kanryu a Sean McHaia a través del teléfono.
— Kanryu, tienes que calmarte.
— ¡El tipo está muerto! Frío, tieso. Ya teníamos una parte del secreto, teníamos que cazar solamente a cinco más y ahora uno de ellos está muerto,
Sean McHaia hizo memoria y recordó que el segundo edecán que habían encontrado, el que se había estado escondiendo en el domo de minería, no llevaba consigo el sello que serviría para abrir la puerta de la Ciudad Orión, una vez los siete fueran reunidos.
— Será mejor que regresen. Denninger ya se encuentra bien y aquí espera; sólo nos faltaría localizar a Salazar que no lo encontramos por ningún lado.
— Salazar regresará –contestó Kanryu-. Lo mandé a... está haciendo algo por mí.
La comunicación se cortó. En la habitación estaban reunidos los cuatro Defensores, Sean McHaia, Esteban Zaid, Ian Parker y Balzac McLeod. Sean los miró pidiendo opiniones.
— Supongo que es el mismo tipo que trató de atacar el Castillo de la Cofradía –dijo Esteban, quién sostenía una toalla húmeda sobre su frente. Ian asintió y se recostó en la pared.
— Esperaré a ver que tiene que decir Frank acerca de esto –contestó Sean McHaia. De pronto la cacería de los Edecanes parecía haber terminado.
7
Era el veintiuno de Octubre. Kyle acababa de tener una reunión con un líder reconocido de una población Neem Vai, quien solicitaba su ayuda para que abogara por su causa. La causa era erradicar el reclutamiento forzado en esa región, que era una de las más pobres del planeta. Kyle pensó para sí, durante el camino de regreso a su hotel en una de las ciudades de dicha región, que el ejército -como era ahora- era consecuencia directa de las acciones de su padre.
Al entrar en la habitación y encender la luz, Kyle encontró a dos Oriones. Uno de ellos era un hombre de color de más de dos metros de altura. El otro era un poco más bajo y de tez clara. Ambos iban vestidos de negro y llevaban sendas lanzas plateadas que brillaban intensamente.
— Ni en mis sueños creí que acabar contigo sería tan fácil –dijo el hombre de color.
Kyle mantuvo la calma y se apoyó en su bastón ladeando su cabeza. Se quitó los lentes y habló en un perfecto idioma de los Centuriones antiguos, que era lo único que se hablaba en la Ciudad Orión.
— ¿Quiénes son ustedes que osan presentarse ante mí con armas desenfundadas?
Los hombres se quedaron extrañados y un frío mortal les recorrió la espalda. Kyle se dirigió a un sillón que estaba a menos de dos metros de donde se encontraban ambos y tomó asiento.
— Aja. Espero –agregó.
Los hombres y Kyle mantuvieron durante largo rato un gran silencio, mirándose fijamente. Kyle esperaba que ellos dijeran algo, ellos esperaban que Kyle tratara de huir. Uno de ellos alzó lentamente su lanza hasta que esta se encontraba a la altura de los ojos de Kyle. Con voz muy calmada dijo
— Muere...
En ese momento una ráfaga de viento destruyó la pared de la habitación lanzando lejos la lanza. Cuando el polvo se esparció Kyle logró ver que, entre él y los Oriones, se encontraba Z con Ker en su mano.
— Disculpa el desorden futuro cuñado; pero a la velocidad que venía se me hacía muy difícil entrar de manera distinta –dijo Z a Kyle con una gran sonrisa-. Más Oriones. Qué afortunado soy, pues en poco menos de un mes me he encontrado con tres de su clase –dijo dirigiéndose a los Oriones.
Z se extrañó al ver la tensión reinante en la habitación. Sabiamente optó por guardar a Ker en su funda.
— ¿Quiénes son? –insistió Kyle, hablando en el idioma que sólo tres de los cuatro presentes dominaban. Z miró confundido de un lado a otro.
— Hemos venido a matarte –contestó uno de ellos.
— Saben que lo que debe de ser, debe de ser –contestó Kyle-. Además deben saber que si me matan, regresaré.
— Así que... ¿lo sabes? –preguntó uno de los Oriones.
Kyle asintió.
— Les pediré que a él lo dejen ir –dijo señalando a Z-, tengo profundos sentimientos por su hermana y no soportaría pensar que por mi culpa ella perdiera a su hermano.
— El de la katana puede irse –dijo el hombre de tez clara a Kyle. Luego le dijo a Z en un idioma que él entendiera-. Vete. Lo que está a punto de suceder no es para que sea presenciado por ti.
Z miró a Kyle extrañado.
— Salazar, por favor, vete. Cuida de tu hermana, ella te necesitará.
Z desenfundó a Ker y miró a los Oriones.
— Así que hasta aquí llego yo –dijo Z en voz baja-. Son dos Oriones que fácilmente pueden matarme y mi único aliado prefiere morir antes de dañar a otro ser viviente. Dos contra uno, malas probabilidades. Malísimas probabilidades.
8
El Mecha de Jamie saltó por los aires cuando el rayo lanzado desde el Prometeo impactó cerca de donde se encontraba parada. Con dificultad Jamie reaccionó e hizo revisión de los daños. La pantalla mostraba daños del treinta por ciento. Era la tercera operación del GOC y la segunda en la que participaba Jamie como piloto de Mechas. Esta vez habían dado con una colonia, en un asteroide alejado, que servía como centro de abastecimiento para las naves de los Kreor. El rayo lanzado desde el Prometeo había destruido todo en un radio de tres kilómetros. Jamie colocó de pie de nuevo a su Mecha y salió de nuevo a la batalla. El mecha corría rápidamente por el campo disparando a las naves de los Kreor, que parecían un enjambre de abejas asesinas alrededor de todo el campo de batalla. Los soldados del GOC eran presa fácil de los Ullarg, quienes, vistiendo armaduras, eran prácticamente indetenibles. Jamie se encargó de varios de ellos, pero un tanque de la Alianza la derribó con un disparó en el pecho. El Mecha de Jamie cayó en el campo. Los Kreor, que se movían a una velocidad trepidante, rápidamente llegaron hasta el Mecha y comenzaron a golpearlo con sus afiladas garras destruyendo la coraza. Jamie hizo una revisión de nuevo, esta vez el daño llegaba al cuarenta y cinco por ciento. No podía seguir. Con dificultad se alzó y mandó la señal al Prometeo para ser retirada del campo. Una nave partió desde el puerto del Prometeo y se acopló a la cintura del Mecha, elevándolo y llevándoselo del campo. Jamie salió del Mecha una vez estuvo en el puerto. Ahí todos corrían de un lado a otro sin dar atención a quienes llegaban. Una voz sonó en la megafonía del puerto.
— SE ORDENA QUE LAS NAVES LIGERAS PARTAN EN APOYO PARA CUBRIR LA RETIRADA INMEDIATAMENTE.
El mensaje se repitió varias veces y las naves partían una tras otra y al poco rato regresaban con los Mechas muy dañados. Jamie no pasó por enfermería, fue directamente hasta el salón A 16, el salón del GOC. En el A 16 sólo se encontraba Euforbo sentado en su sillón mirando fijamente a la mesa. Jamie hizo el respectivo saludo militar. El coronel Euforbo no lo contestó.
— Ha muerto. La mayor Tea ha muerto –dijo con mucha tristeza en su voz-. Su nave fue derribada cuando estaban tratando de bombardear una de las fábricas. En la imagen satelital se pudo ver como los Kreor destruyeron la nave y la tomaron aún con vida...
Euforbo no pudo seguir. Jamie reconoció mucha tristeza en su voz, incluso para ser Centurión, quienes no demuestran muchas emociones. Ella misma no pudo evitar sentirse molesta por la muerte de todos los que habían caído. Habían sido superados en número terriblemente y no habían sido rival en la batalla. Las bajas ascendían en el GOC a doscientos soldados y en las del Prometeo, en general, a dos mil soldados. Había sido un desastre.
Entonces la puerta se abrió. El A 16 se encontraba a oscuras y la única luz provenía de la puerta. Jamie vio una figura a contraluz, reconociendo en ella a Lilly McLeod.
— Jamie, por favor sígueme –dijo Lilly con la voz afligida.
Jamie la siguió por los pasillos, sin decir palabra, hasta la habitación de Lilly.
— Jamie, tenemos que huir.
— ¿Huir? ¿Qué te pasa?
— Jamie, corremos peligro aquí y estamos demasiado lejos para que alguien de la Cofradía nos ayude. Lo mejor que podemos hacer es huir y esperar salir sanas de esto.
— Estamos en una base militar con miles de soldados y tecnología de punta. Cierto que este no es uno de sus mejores momentos, pero creo que estamos bastante seguras aquí Lilly.
Lilly se arrodilló y abrazó las rodillas de Jamie llorando.
— ¡Por favor Jamie, no me quiero morir, por favor huyamos de aquí!
Jamie se asustó al ver a la orgullosa Lilian McLeod rogando por su vida. Jamie se arrodilló a la par de ella y la tomó por los hombros sacudiéndola.
— ¡¿Qué diablos te sucede, reacciona por Dios?!
Luego de zarandearla un rato Lilly abrió los ojos, sólo por volverlos a cerrar y colocar sus dedos en los lados de la cabeza.
— ¿Qué haces ahora? –le preguntó Jamie.
— Shh. Siento la presencia de un Orión.
Las luces de la habitación se apagaron y buena parte del Prometeo quedó casi a oscuras. Jamie sintió como Lilly la tomó de la mano y la arrastró corriendo por pasillos. La chica maniobro con habilidad por los pasillos atestados de personas, todas ellas en histeria colectiva.
— ¿Sabes pilotar naves medianas? –preguntó Lilly.
— Sí.
Al poco rato llegaron a uno de los puertos del Prometeo. Extrañamente el puerto estaba prácticamente vacío.
— Les di a todos la idea que no se acercaran a este puerto –le dijo Lilly.
Jamie se sorprendió ante la genial aplicación del poder de Lilly para colocar ideas en cabezas ajenas. Ambas se subieron a una nave que estaba a parte. La nave era exclusiva para el transporte de Lilly y estaba acondicionada todo el tiempo para partir repentinamente. Lilly tomó la mano de Jamie y la miró con mucha seriedad.
— Gracias Jamie. Jamás olvidaré esto.
Jamie pilotó la nave y entonces empezó a pensar si acaso Lilly la había manipulado para que escapara con ella. Cuando salieron al espacio, ambas vieron como un Orión estaba partiendo por la mitad al Prometeo sin más ayuda que un rayo luminoso que partía de su mano.
— ¿Qué diablos es eso? –preguntó Jamie.
— Supongo que alguien que nos anda buscando –contestó Lilly-. Vamos, acelera.
martes 19 de agosto de 2008
Acerca de:
En esta ocasión les hablaré un poco acerca de como concebi la historia. En un inicio la historia sería de índole más bien medieval. Eventualmente en mi cabeza se fue cuajando la idea de distintas razas y esto desembocó en el desarrollo de un nuevo sistema planetario. En lugar de hacer un sistema planetario al estilo de "Star Wars", que es Hace mucho tiempo en una galaxia muy lejana, yo quise que los humanos tuvieran relevancia en mi historia, asi que las razas terminaron siendo razas hermanas similares en muchos aspectos a la humana. Si bien hasta ahora la Tierra solo aparece en referencias de algunospersonajes, buena parte de la historia se desarrolla en la tierra en otros puntos de la historia.
Les digo esto lectores para que se vayan haciendo una idea del proceso creativo. Pues bien, continuemos. Los personajes iniciales en la historia serían Ethan y Jamie. Hace algunos diez años cuando los personajes principales estuvieron diseñados a mi hermana le pareció divertido que Jamie tuviera un hermano que vendría a ser el antagonista de Ethan. El personaje sería un personaje que superaría a la mayoría en inteligencia y con una personalidad burlona pero quien ofrecería el liderazgo al grupo que Ethan (siendo más bien un solitario que un trabajador de grupo) no puede dar. Eso sí, el hermano de jamie sería alguien pendenciero y dado a muchos vicios (no en exceso) que además sería alguien que piensa "Si alguien más puede que hacerlo, entonces ¿Por qué yo?".
Ángela, (quién obviamente ha visto RuroKen o Samurai X como lo conocí yo pues uno de sus correos es algo así como Aoshi) me recordó que el nombre Kanryu o Kairyu Takeda es de un traficante de Opio que contrata al grupo liderado por Aoshi como músculo y tiene al personaje de Megumi como una especie de "laboratorista" que le elabora el opio. Este Takeda es uno de los personajes que pasa más bien si pena ni gloria en la serie pues, si no me equivoco, su pequeña saga dura algo así como seis episodios. El nombre Kanryu le gustó a mi hermana y ella bautizó al personaje y a muchos otros (Jamie, Andrea, Kyle, Liam que aun no aparece, Remi quien tambien aún no aparece y Alexander Dark quien es muy importante en la huistoria y también aún no aparece). No es que quiera lavarme las manos con la excusa "pasó hace mucho tiempo" o "creí que nadie lo notaría", para nada. La verdad es que se me hizo difícil cambiarle el nombre de Kanryu a otro (en realidad en una versión que vio Ángela los personajes se llamaban Matthew y Luke) y luego se me olvido hacer una claración de donde saque el nombre. No puedo decir que el nombre es un homenaje al personaje de Samurai x pues es difícil homenajear a un traficante (a no ser que sea Escobar, harán dos películas de su vida próximamente yo quiero ver Killin' Pablo) pues los personajes poco o nada tienen que ver aparte del nombre. Sin mas que decir me retiro diciendo que no habái contestado antes pues me a quedado poco tiempo para revisar el blog y medio leí el primer comentario de ángela pues la carrera me tiene completamente asfixiado ultimamente en realidad ahorita debería de estar en una clase de Operaciones Unitarias I y les escribo desde una compu en la U. saí que espero que lo lean. sin más que decir me despido hasta la próxima publicación. con lo del Acerca de: por Jarod McLeod les quedare debiendo. Cuídense y nos leemos. Gracias.
f. M. Angel Romano
Les digo esto lectores para que se vayan haciendo una idea del proceso creativo. Pues bien, continuemos. Los personajes iniciales en la historia serían Ethan y Jamie. Hace algunos diez años cuando los personajes principales estuvieron diseñados a mi hermana le pareció divertido que Jamie tuviera un hermano que vendría a ser el antagonista de Ethan. El personaje sería un personaje que superaría a la mayoría en inteligencia y con una personalidad burlona pero quien ofrecería el liderazgo al grupo que Ethan (siendo más bien un solitario que un trabajador de grupo) no puede dar. Eso sí, el hermano de jamie sería alguien pendenciero y dado a muchos vicios (no en exceso) que además sería alguien que piensa "Si alguien más puede que hacerlo, entonces ¿Por qué yo?".
Ángela, (quién obviamente ha visto RuroKen o Samurai X como lo conocí yo pues uno de sus correos es algo así como Aoshi) me recordó que el nombre Kanryu o Kairyu Takeda es de un traficante de Opio que contrata al grupo liderado por Aoshi como músculo y tiene al personaje de Megumi como una especie de "laboratorista" que le elabora el opio. Este Takeda es uno de los personajes que pasa más bien si pena ni gloria en la serie pues, si no me equivoco, su pequeña saga dura algo así como seis episodios. El nombre Kanryu le gustó a mi hermana y ella bautizó al personaje y a muchos otros (Jamie, Andrea, Kyle, Liam que aun no aparece, Remi quien tambien aún no aparece y Alexander Dark quien es muy importante en la huistoria y también aún no aparece). No es que quiera lavarme las manos con la excusa "pasó hace mucho tiempo" o "creí que nadie lo notaría", para nada. La verdad es que se me hizo difícil cambiarle el nombre de Kanryu a otro (en realidad en una versión que vio Ángela los personajes se llamaban Matthew y Luke) y luego se me olvido hacer una claración de donde saque el nombre. No puedo decir que el nombre es un homenaje al personaje de Samurai x pues es difícil homenajear a un traficante (a no ser que sea Escobar, harán dos películas de su vida próximamente yo quiero ver Killin' Pablo) pues los personajes poco o nada tienen que ver aparte del nombre. Sin mas que decir me retiro diciendo que no habái contestado antes pues me a quedado poco tiempo para revisar el blog y medio leí el primer comentario de ángela pues la carrera me tiene completamente asfixiado ultimamente en realidad ahorita debería de estar en una clase de Operaciones Unitarias I y les escribo desde una compu en la U. saí que espero que lo lean. sin más que decir me despido hasta la próxima publicación. con lo del Acerca de: por Jarod McLeod les quedare debiendo. Cuídense y nos leemos. Gracias.
f. M. Angel Romano
domingo 17 de agosto de 2008
Capítulo Quinto
V
1
La vida en el Prometeo era más tranquila de lo Jamie pensaba que sería. Tres semanas habían pasado y no habían tenido el menor altercado. Neil explicó que era porque transitaban en una parte bastante tranquila del Sistema. Pasando del planeta Sabxai tendrían aproximadamente dos semanas con poco contacto. Un acontecimiento había sido encontrarse con una nave proveniente de las colonias. Muchos habían presenciado el paso de la nave en unas pantallas gigantes en los diversos parques dentro del Prometeo.
-No comprendo -dijo Jamie-. Estamos en ruta con las colonias. ¿Por qué a las personas les importa cruzarse con otra nave? -preguntó a Neil.
-Jamie, aún no comprendes. El universo es basto, las rutas cambian todos los días por seguridad. El encontrarse con otra nave, así por casualidad, es algo muy raro.
Jamie pasaba sus días inmersa en la rutina. Reuniones y clases por las mañanas, entrenamiento por las tardes. Jamie se hizo de temer entre los soldados de infantería. Su aspecto frágil, aunado a su belleza hizo pensar a la mayoría de sus compañeros que la chica estaba en el ejército para ganarse el corazón de su padre. Esa concepción cambió cuando derribó a un hombre el triple de su peso de un golpe en el estomago. Además, era una líder nata. En los ejercicios de armas sus escuadrones siempre salían triunfantes y con pocas bajas. Los jefes del grupo de tareas conjuntas empezaron a tomar nota de ella y a olvidarse de su apellido. Al poco rato Jamie McHaia tenía para escoger su papel en las tareas. Infantería con Winters, Mechas con Solae y Naves con Tea. Si Jamie quería ver algo de acción el campo de batalla, esas eran sus opciones. Sin embargo, había aún otras dos.
-Es absurdo. Es infantil. Es inútil -dijo Ayax, en cierta reunión del GOC (Grupo de Operaciones Conjuntas), a Neil luego de que éste último planteara el plan de operaciones para la primera misión.
Neil miró a su interlocutor con una expresión de incredulidad en su rostro. Luego señalándolo, miró al coronel Euforbo pidiéndole explicaciones. El coronel giró su asiento en dirección al de Ayax, que parecía estar ya en otras cosas.
-¿Me puede sacar de una duda joven? -Dijo tranquilamente Euforbo-. ¿De donde diablos saca usted los bríos para hablar así en esta reunión? Cuando nos encontremos con una quimera en una de las colonias usted será el primero en opinar. Eso se lo prometo. Pero cuando de guerra entre adultos racionales se trate, deje a los entendidos del tema hablar. ¿Está claro?
Ajax giró su asiento en dirección al de Neil y se inclinó sobre la mesa.
-Neil. ¿Cuántas veces has estado en un campo de batalla? Mira que te la pongo fácil, no te pregunto cuántas veces has combatido o a cuántas de estas criaturas has matado, no. Solamente te pregunto ¿Cuántas veces, un graduado de academia como tú, ha estado en campos de batalla?
-Pues he servido en la guerra más que tú, eso es seguro.
-Pues yo he librado más batallas más que tú, eso es un hecho -dijo Ajax haciendo énfasis en la palabra "hecho"-. No puedes librar las primeras batallas pensando que lograrás dejar los domos sin daños. Si logras tomar uno así lo único que alcanzarás es poner más presión en la operación.
Los planes planteados en la reunión, por Neil, consistían en hacer operaciones relámpago para recobrar control de los domos sin dañarlos, para que así mantuvieran su funcionalidad.
-¿Presión? ¿Es lo que temes? ¿De que logremos algo y la presión que vamos a manejar el las misiones posteriores? Amigo adepto, yo tengo un compromiso con la excelencia y perfección -Ajax se levantó y se dirigió adonde se encontraba Neil colocándose frente a él-. No estoy aquí por ser un bien dispensable para el ejército. Estoy aquí por mi inmaculado record en la planeación de misiones. Tengo más medallas al mérito que los Kreor que tú has matado. Pero que sabes tú de medallas, cada vez que tú regresas de una misión lo único que haces es quemar una maldita cabra.
Todos los que conocían a Neil se quedaron impactados. Ninguno de ellos había visto alguna vez a Neil alterado, y ahora hacía frente a un centurión de dos metros diez.
-No es porque lo conozca, pero el señor Ajax tiene razón -todos volvieron la cabeza hacia la pequeña muchacha sentada en un rincón. Era Lilly, la nieta de la canciller la que había hablado-. No debería decirles esto pero si de verdad quieren llevar las misiones a cabo, sin que ciertas corporaciones y el Consejo metan sus narices a cada momento, no creen expectativas muy altas.
-¿Qué? -preguntó Neil.
-El plan es magnífico, no me malinterprete señor Neil. Pero tanto el señor Winters como el mayor Solae tienen algo que decir al respecto. Pero a lo que me refiero es que si logra recuperar los primeros domos sin daño, se esperará que trate de hacer lo mismo con los siguientes. Y no me refiero sólo al Consejo, me refiero a la Alianza. Cuando menos lo espere tendrá que realizar verdaderos sitios para recuperar asteroides porque las corporaciones y el Consejo no le dejarán siquiera rayar los domos.
Neil miró al mayor Winters y a Solae quienes callaban. Neil iba a iniciar a hablar de nuevo cuando una luz se encendió en el centro de la mesa. El coronel Euforbo tocó la luz.
-Es un mensaje del puente. Han dado con una flota de naves de los Kreor. La reunión queda pospuesta.
Todos salieron de la sala de reuniones. Tea se acercó a Jamie tomándola del codo.
-Ven conmigo -le dijo. Jamie siguió a la Mayor hasta un módulo de transporte. En él iban varios de los veteranos que conformaban el grupo de operaciones conjuntas-. He visto que te encuentras dubitativa acerca de que sección del grupo de operaciones conjuntas unirte.
-No he visto nada que me gane completamente, Mayor Tea.
-Te gustaría, sin compromiso claro, unirte a esta pequeña escaramuza a la que vamos.
-Creí que sus unidades sólo servirían al GOC.
-No, por supuesto que no. Las misiones del GOC son muy pocas, tengo que mantener a mis soldados ocupados.
Llegaron a uno de los puertos militares del Prometeo. Jamie apreció desde un puente de control toda la extensión del punto de partida. Era una compuerta de un kilómetro y medio de extensión. Frente a ésta, estaban las naves ligeras de combate.
-Es un viejo coronel amigo mío quien coordina estas misiones sorpresa. Usualmente lo que se pretende hacer es rodear el convoy enemigo y destruir tantas naves como nos sea posible. Excepto que una de las naves sea una nodriza, entonces tendremos un día divertido.
Jamie presenció el despliegue de disciplina del ejército del Consejo. Como una colonia de hormigas perfectamente coordinadas, las naves eran abordadas por sus tripulantes y partían de diez en diez por la compuerta principal. Cada nave lleva en sí una tripulación de cinco. Las naves ligeras por su parte eran conducidas sólo por dos soldados, el piloto y el especialista de guerra electrónica, o EWE. Tea llevó a Jamie hasta donde se reunían los distintos mayores a cargo de los asaltos espaciales. Antes Tea era la cabeza de esa división pero tuvo que dejar el cargo para tomar el que le ofrecían en el GOC.
-Son trescientas naves medianas-decía en ese momento el coronel encargado de la operación-. Creemos son de transporte. Las imágenes satelitales no dan mayor información; pero algo me dice que son naves de los Ullarg transportando tropas de Kreor. Éstos se dirigen a una invasión -el general rió y miró a un hombre en al esquina de la sala. Este hombre de brazos cruzados parecía de unos treinta años. Miraba a todos cuidadosamente. Jamie lo encontró familiar pero no logró ubicarlo completamente-. El capitán Dark dirigirá la operación.
¡Capitán Dark! Pensó Jamie. Jamie imaginó que ese que se encontraba ahí debía ser el mayor de los hermanos Dark, el menor había estudiado con ella en la Academia de la Cofradía allá en la Tierra.
-Muy bien. De momento procederemos como en el protocolo. Pero quiero una nave mediana con tres escuadrones de Mechas y una brigada de infantería -habló desde el fondo de la habitación. Se dio la vuelta y mientras salía de ésta dijo a Tea-. Quiero en la brigada de infantería al escuadrón del sargento McHaia.
Tea miró a Jamie complacida.
-Muy bien McHaia, parece que te has hecho un nombre para ti misma.
2
Dos horas más tarde Jamie y su escuadrón iban a bordo de la nave liviana. Muchos de los otros sargentos la miraban extrañados. A pesar de ser testigos de su valor, fuerza e inteligencia dudaban de la capacidad de la joven para liderar en batalla. Jamie estaba sentada, con todo su equipamiento colocado. Sobre sus piernas reposaba su rifle. Cerró sus ojos y solamente escuchó como alguien entraba en la cámara diciendo.
-Hay una nave nodriza de los Ullarg. Está protegida por nueve escuadrones. Intentaremos abordar. Esperemos que nuestros escuadrones de naves nos lleven hasta ahí a salvo.
-A partir de ahí somos nosotros -dijo Jamie.
Jamie recordó cuando tenía trece años. Estaban sentados en una mesa en el patio de la escuela. Z estaba acostado sobre la mesa, Kanryu comía una manzana. Andrea estaba con su mirada fija en Kanryu mientras Asgard McLeod miraba fijamente a Andrea. Jamie le preguntó acerca de los Ullarg que tanto mencionaban en los noticieros en las noticias de la guerra, siempre los mentaban pero jamás mostraban imágenes de ellos. El muchacho, que siempre sabía de todo empezó a decir todo lo que sabía de ellos. Jamie lo interrumpió y le preguntó, sí pero, como se ven. El muchacho muy serio contestó: como vacas. Todos empezaron a reír. El muchacho no reía nunca. Pero esta vez no reía porque no comprendía la gracia. Como vacas, había preguntado Jamie. Sí, como vacas. Asgard les explicó que, los Ullarg, eran seres bípedos, pero cuya fisonomía facial asemejaba a la de los bovinos.
Con el tiempo Jamie llegó a saber que los Ullarg eran el músculo de la Alianza. Eran una raza superior en fuerza a la de los del Consejo y, aproximadamente las poblaciones superaban tres a uno a la de los Neem vai, el pueblo más numeroso de los del Consejo Sagatt. Los Kreor, los soldados que transportaban las naves, eran a su vez la "carne de cañón" -como decía su abuelo Jacob- de la Alianza. Eran seres más similares a reptiles prehistóricos. Eran de la altura de un ser humano promedio, tenían dos pares de extremidades superiores y, algunas ramas evolucionadas de ellos, tenían alas. La cara era un verdadero espectáculo para dar pesadilla. Tenían tres ojos en línea vertical, el superior y el inferior parecían de pájaro, pero el de en medio era distinto. Y era el que utilizaban para ver a distancia. La boca era enorme y la mandíbula se partía en dos haciéndola ver más grande. El peor terror que estos infundaban estaba basado en su salvajismo y en su capacidad de reproducirse. El período de vida promedio estimado rondaba los seis años terrestres. Nadie había podido siquiera estimar la población de Kreor. Jamie repasaba todos estos datos en su cabeza mientras sentía las vibraciones en la nave. Se empezaba a poner nerviosa.
-No te preocupes. Puede que no sean en esta nave.
Jamie abrió los ojos de par en par ante la sandez que acababa de escuchar por parte de su segundo al mando. Era un joven Ietarr llamado Li, era de corta estatura y muy aplicado. Pero la física no era su fuerte, obviamente. Cuando Jamie iba a iniciar su explicación de la imposibilidad del viaje de ondas en el vacío una luz se encendió en la cámara. Al fin acción.
3
Los cascos se cerraron y se aferraron a un pequeño módulo. Dos escuadrones, uno a cada lado. Viajarían en el espacio asidos al módulo que se desplazaría por espacio abierto hasta dar con la nodriza. La información y comunicaciones se desplegaban en el visor del casco. Jamie leyó que se estimaba que viajarían unos trescientos metros hasta dar con uno de los flancos de la nodriza, en el cual una de las naves debía haber inflingido suficiente daño como para poder ingresar por ahí.
El plan no era el estándar del capitán Dark. Era demasiado arriesgado dijeron los demás.
- ¡Oh por Dios! No saldremos de esta, no saldremos de esta -empezó a leer Jamie en su visor. Era Li quien le comunicaba esto. En toda la brigada la mitad de ellos no llegaba a los treinta años. Sólo cuatro de los jefes de escuadrón habían servido en batallas anteriores, y, por si fuera poco, el índice de mortalidad de las misiones coordinadas por el capitán Dark era de los más altos. Jamie empezó a dudar si Dark la había solicitado por su habilidad o por su apellido recordando cuántas veces Kanryu había tenido altercados con el hermano menor del Capitán Dark.
Las compuertas de la nave se abrieron y Jamie experimentó el espacio abierto como nunca lo había vivido antes. La distancia, sin embargo, era mucho más de los trescientos metros. En medio de fuego abierto los cinco módulos avanzaron entre disparos y fuego cruzado. La nave de los Ullarg los detectó y un juego de cañones apuntó a ellos. El primer módulo fue impactado por los primeros disparos. Uno de los soldados salió expulsado en dirección del módulo que transportaba al escuadrón de Jamie. Los miembros del escuadrón lo alcanzaron y se aferraron a él. El cañón impactó al segundo módulo, de este nadie sobrevivió. Cuando el cañón apuntaba al módulo de Jamie uno de los miembros del escuadrón tomó una granada y acertó justo en éste.
Cuando se acercaron al flanco de la nave, el agujero abierto no tenía más de un metro de diámetro. Los soldados empezaron a disparar hasta que fue un poco más grande. Una granada terminó el trabajo. Entraron y se colocaron a esperar al quinto y último módulo. Éste llegó con dificultades. Las nuevas órdenes les fueron mostradas. Tomar el puerto de la nodriza para el arribo de las unidades mecanizadas. Iniciaron su desplazamiento por la nave, por momentos casi adivinando. La nodriza de los Ullarg era enorme. Se cruzaron con varios oficiales, todos ellos iban muriendo al encontrarse con Jamie, quien lideraba el ataque. Llegó a un puesto de mando. Jamie dio muerte a cada uno de los presentes. Li se acercó a la computadora. El joven Ietarr era hábil en descifrar los sistemas de la Alianza. Era por eso que era tan valioso para el GOC. Cuando dieron con el mapa de la nave Jamie dio la orden.
- ¡Que el escuadrón tres y cinco vayan a tomar el puerto! ¡Ilfar!
-Sí sargenta -contestó uno de sus soldados.
-Toma a tres del escuadrón y destruye el foso del ascensor -dijo señalando el lugar en la pantalla-. Quiero el paso hasta el puerto cerrado excepto por un punto -dijo señalando un segundo ascensor en la pantalla-. ¡Vamos!
Ilfar, el que había destruido el cañón, salió con otros tres a cumplir las órdenes de Jamie. Ella, Li y otros cinco miembros quedaron en el salón. Jamie no perdía de vista la pantalla. El foso del ascensor se volvió de un color opaco en el mapa. Salió de la habitación en dirección del segundo ascensor que daba acceso al puerto.
Tomaron cubierta, esperando a que la puerta se abriera. Ilfar y los demás llegaron después. Los once esperaban tensos. Con los dedos en los gatillos. A sus espaldas los escuadrones tres y cinco batallaban por el control del puerto. Jamie empezaba a ponerse tensa, si los otros escuadrones no tomaban rápido el puerto los refuerzos no llegarían y se verían entre la espada y la pared. La puerta se abrió. Los soldados Ullarg llegaron.
Enormes bestias salidas de algún campo de batalla más bien medieval se plantaban frente a ellos. El del centro parecía un búfalo de más de tres metros que portaba un fusil en una mano y una almádana en la otra. Cinco de estas bestias iniciaron carrera hacia el escuadrón. El fuego inició. Los tiros les impactaban en el pecho, piernas, brazos, pero apenas los rasguñaban. El jefe levantó su arma y asestó un golpe contra uno de los soldados. Le destrozó el tórax y quedó esparcido por el suelo. Dos más corrieron igual suerte. Jamie no tuvo más opción que mandar la retirada. Ilfar y ella lanzaron granadas, anhelando detenerlos de esa manera. Pero apenas una de las bestias cayó, los demás siguieron el acecho por el puerto. Llegaron hasta donde los otros escuadrones combatían con un solo Ullarg. Este tenía en ese momento a un soldado por la pierna y lo lanzó contra el ala de una nave. El muchacho se partió la espina por el impacto. El Ullarg lanzó un grito de guerra cerrando los puños y alzando la cabeza. Jamie corrió, saltó y metió una granada en la boca del Ullarg. La cabeza de este estalló junto a la granada, cayendo el cuerpo sin vida del formidable guerrero. Jamie siguió su carrera hasta el puesto de operación.
-Excelente guerrera tu sargento, Ilfar -dijo el jefe del quinto escuadrón.
- Sí. Solo tenemos que hacer lo mismo con los cuatro que nos siguen.
- ¡¿Cuatro?!
Jamie abrió las compuertas sin previa preparación del salón. El cambio de presión hizo volar fuera de la nave todo lo que no estaba sujeto al suelo. Esto incluyó a dos soldados y a los cuatro Ullarg restantes. Las unidades Mecanizadas, los Mechas, hicieron su aparición. Jamie contempló los treinta Mechas. La élite del ejército del Concejo Sagatt. Erguidos ahí orgullosos se encontraban robots de veinte metros de altura. Treinta máquinas de guerra y destrucción con forma humanoide, cada una de ellas conducida por un soldado experto en esparcir terror y desgracia en los enemigos del Concejo. Su trabajo en la toma de la nave nodriza había terminado. Con los Mechas nadie podía. Jamie observó en los próximos cuarenta minutos como las máquinas, materialización de las ideas de su padre, Sean "el León" McHaia, destruían, humillaban y subyugaban a la tripulación. Los orgullos Ullarg tenían que postrarse ante la invasión o morir.
-Sí -se dijo Jamie-. Lo siento por Tea. Pero tienen que ser los Mechas.
4
Al arribar a la nave Jamie se sintió terrible. Recordó como de niña había repudiado la violencia y se puso en el lugar de la niña que había sido. Definitivamente se repudiaría a sí misma y se desconocería. Jamie se tiró en su cama viendo fijamente la mesa de noche. En la mesa se encontraba su arma corta y los cartuchos. Jamie imaginó por un momento como sería tener las habilidades que poseía su hermano Kanryu, como seria poder calentar las cosas a voluntad; podría entonces calentar el arma hasta volverla completamente maleable. Jamie acercó su dedo a la punta de la pistola, acercándolo lentamente, pretendiendo que al tocarlo el metal se pondría al rojo vivo. Y lo tocó. El metal estaba frío como siempre. Alguien tocó en la puerta.
- Jamie -llamó Neil Van Verth a la puerta.
- Pasa -contestó Jamie.
El alto joven abrió la puerta y asomó su cabeza sonriente.
- Veo que estás bien. ¿Qué te pareció tu primera incursión en la vida real?
- Pues, ahora veo porque tú eres tan valioso. Dark está loco, casi nos mandó al matadero.
- Para mí la seguridad de los soldados es primero. ¿Quieres ir a comer algo?
Jamie asintió y se acercó a apagar la lámpara. Cuando lo hizo el interruptor hizo cortocircuito y provocó que las luces en todo el pasillo se apagaran. Las luces de emergencia se encendieron al momento.
- ¿Qué diablos...?
- ¿Estás bien Jamie?
- Sí. Fue la sorpresa más que todo.
Salieron de la habitación y fueron a cenar. Ambos comieron sendos platos de carne asada. A Neil le causó gracia ver como Jamie devoraba la carne y todos los acompañamientos con gran apetito.
- Veo que tienes un buen apetito.
- Bueno, si conocieras a mis padres comprenderías.
- ¿Son aficionados al asado?
- Mi madre pasó muchas partes de su niñez en Argentina -contestó Jamie-, allá tienen un dicho: "Todo bicho que camina va para el asado". Mi madre siempre estaba haciendo cenas bajo cualquier pretexto, cualquiera que te puedas imaginar. Ella creció en Francia, entonces celebrábamos todo lo que se celebra en Francia. Su madre era griega, así que celebrábamos todas las festividades de Grecia. En la casa había fiestas hasta unas dos veces por semana. El día de la toma de la Bastilla, el 4 de Julio, acción de gracias, todo lo que te puedas imaginar. A ella lo que le gustaba era tenernos a todos juntos y servía mucha comida. Recuerdo que de niña me acostumbraban a que no me levantara de la mesa sin haber terminado el plato, para cuando estaba creciendo hacíamos con los demás competencias para ver quién comía más.
- Me imagino que tú siempre ganabas.
- Ni por cerca. El hermano gemelo de Lilly nos daba cátedras en como hacer desaparecer tres kilos de carne en diez minutos.
- Es el famoso Asgard del que hablas ¿no? -Dijo Neil-. Aquel que huyó y no volvió a ser visto en el mundo conocido.
- El mismo -dijo Jamie con tristeza-. El mismo. ¿Cómo sabes tú de él?
- He tratado de recopilar información acerca de los que pueden abordar el Prometeo, los que vendrían de la Cofradía para el GOC, por ahí me tope con un archivo del menor de los McLeod.
- ¿Qué decía el archivo de Asgard?
- Benjamín Asgard McLeod, extraño nombre por cierto, ambos nombres de pila -dijo Neil bromeando.
- Lo sé, lo detestaba. Sólo mi hermano Kanryu lo llamaba así.
- Pues dice que es uno de los chicos de cierto grupo de familias que no manifestó algún control sobre los elementos.
- Sí -dijo Jamie-. Ni Asgard nieto de Khan, ni Andrea hija del gran Ian Parker, ni...
- Tú, hija del gran león McHaia -dijo Neil en un tono medio burlón.
- Ni yo, no poseemos habilidad en lo absoluto. Bueno obviando a los que no pueden subir, ¿diste con algunos de los que pueden subir? -Jamie miró en dirección del hombre sentado en la mesa que Neil tenía a sus espaldas. Reconoció en el a Áyax, el representante de la Cofradía.
- Supuse que talvez el hermano mayor de Asgard pero...
El hombre tras Neil meneó la cabeza de un lado a otro y Jamie río un poco.
- Pobre Neil, espero que no hayas apostado algún dinero en esa posibilidad.
- ¿Por qué lo dices?
- Ethan no tomaría órdenes de nadie y mucho menos de Sarracen -dijo Jamie ya con la intención de molestar al representante de la Cofradía-. Porque el nombre del "gran Áyax" -dijo Jamie en tono sarcástico y haciendo la señal de comillas con los dedos-, es Daniel Sarracen. Te contaré una historia muy divertida. Daniel es cuatro años mayor que yo. Cuando entramos a la Academia, allá en Seattle, el primer día de clases, Daniel se quiso hacer conocer entre los recién llegados. Así que buscó al más grande de los recién llegados y le trató de sacar pelea. Para su desgracia ese era mi hermano Kyle, quien es de la misma edad de Daniel. Te diré algo de Kyle. Kyle repudia la violencia más que nadie que haya conocido. Así fue que durante toda una semana Daniel buscó pelea con Kyle pero sólo consiguió la lástima de mi hermano. Mi hermano le dijo que buscara ayuda psicológica en algún lado. Eso fue la gota que derramó el vaso. Daniel le dio un puñetazo en la cara y mi hermano cae cuan largo es en el piso. Entonces Ethan se acerca a mi hermano y lo revisa. Dice "se levantará" y luego mira a Daniel y le pregunta "te gusta que te respeten. Yo respeto eso, pero ten cuidado acerca de cómo lo logras". Ethan entonces se lleva a mi amigo Salazar Zaid, imagino que habrás leído acerca de él, echándole el brazo encima y diciéndole algo en voz baja. A medio camino ambos vuelven a ver a Daniel. Al día siguiente a Daniel no se le ve por ningún lado y no aparece en tres semanas. Se le encuentra eventualmente en un hospital psiquiátrico para menores de edad en Canadá -Neil se quedó con los ojos abiertos de par en par-. Daniel no se atrevió siquiera a dirigirle la palabra a Kyle por el resto de su vida, creo que hasta ahora no se atreve a mirarlo a los ojos.
- ¿Es en serio?
- Sí -contestó Jamie rápidamente-. Si quieres comprobarlo solamente tienes que hacerle la misma broma que le hacíamos nosotros. "¿Qué tal un viaje a Canadá Daniel?" siempre se ponía pálido con la mención de Canadá. Dejo de ir a un viaje de campo en su último año porque era muy cercano a la frontera.
Neil río mucho.
- Así que no. No creo que sea Ethan el que arribe al Prometeo.
- Entonces quien. ¿Tu hermano Kanryu? el se supone que es muy bueno.
- No, menos. Creo que Daniel está en la Cofradía con la expresa condición de no tener que ver a Kanryu.
- ¿Por qué?
- Kanryu lo golpeaba. Se quitaba el cinturón y lo golpeaba cada vez que lo veía molestando a niños menores. Una vez le dio una golpiza tal que lo mandó a la enfermería.
- ¿Es en serio?
- Daniel no era el favorito de mis amigos -en eso Daniel se levantó y salió por otra puerta-. Pero aún así -continuó Jamie-, es bueno en lo que hace y en el fondo no es malo. Su corazón está del lado correcto.
- ¿Entonces por qué lo odiaban tanto tus amigos?
Jamie suspiró. No sabía como contestar eso. Decir que era porque Daniel había sido su primer novio no parecía muy creíble. Se despidió de Neil y se fue a su habitación. La energía estaba de nuevo en el pasillo y el cortocircuito había sido arreglado. Se acostó mirando de nuevo a la mesa de noche. Ahí estaba su arma. Acercó de nuevo su dedo a la punta del arma al estar cerca Jamie se concentró en querer calentar el metal. Mantuvo el dedo quieto a unos pocos centímetros de la pistola mientras pensaba en lo tonta que debía de verse haciendo eso. La mente voló por varios recuerdos, como cuando tenía cinco años y vio a su padre crear una bola de fuego semejante al sol en la palma de su mano. Recordó cuando frente a ella Z agitó una rama y de ella varias ráfagas de viento salieron destrozando todo a su paso. Recordó algo que sólo ella había visto, recordó el día en que Ethan golpeando un río con su puño hizo que se levantara una columna de agua que tomó la forma de un dragón. Ella había presenciado muchos hechos pero no comprendía, pero lo que menos comprendía era el porque ella no podía manejarlos. En ese momento en que la furia la invadía de la punta de su dedo un arco eléctrico salió en dirección de la pistola. Duró unos breves instantes; pero había sido
algo.
1
La vida en el Prometeo era más tranquila de lo Jamie pensaba que sería. Tres semanas habían pasado y no habían tenido el menor altercado. Neil explicó que era porque transitaban en una parte bastante tranquila del Sistema. Pasando del planeta Sabxai tendrían aproximadamente dos semanas con poco contacto. Un acontecimiento había sido encontrarse con una nave proveniente de las colonias. Muchos habían presenciado el paso de la nave en unas pantallas gigantes en los diversos parques dentro del Prometeo.
-No comprendo -dijo Jamie-. Estamos en ruta con las colonias. ¿Por qué a las personas les importa cruzarse con otra nave? -preguntó a Neil.
-Jamie, aún no comprendes. El universo es basto, las rutas cambian todos los días por seguridad. El encontrarse con otra nave, así por casualidad, es algo muy raro.
Jamie pasaba sus días inmersa en la rutina. Reuniones y clases por las mañanas, entrenamiento por las tardes. Jamie se hizo de temer entre los soldados de infantería. Su aspecto frágil, aunado a su belleza hizo pensar a la mayoría de sus compañeros que la chica estaba en el ejército para ganarse el corazón de su padre. Esa concepción cambió cuando derribó a un hombre el triple de su peso de un golpe en el estomago. Además, era una líder nata. En los ejercicios de armas sus escuadrones siempre salían triunfantes y con pocas bajas. Los jefes del grupo de tareas conjuntas empezaron a tomar nota de ella y a olvidarse de su apellido. Al poco rato Jamie McHaia tenía para escoger su papel en las tareas. Infantería con Winters, Mechas con Solae y Naves con Tea. Si Jamie quería ver algo de acción el campo de batalla, esas eran sus opciones. Sin embargo, había aún otras dos.
-Es absurdo. Es infantil. Es inútil -dijo Ayax, en cierta reunión del GOC (Grupo de Operaciones Conjuntas), a Neil luego de que éste último planteara el plan de operaciones para la primera misión.
Neil miró a su interlocutor con una expresión de incredulidad en su rostro. Luego señalándolo, miró al coronel Euforbo pidiéndole explicaciones. El coronel giró su asiento en dirección al de Ayax, que parecía estar ya en otras cosas.
-¿Me puede sacar de una duda joven? -Dijo tranquilamente Euforbo-. ¿De donde diablos saca usted los bríos para hablar así en esta reunión? Cuando nos encontremos con una quimera en una de las colonias usted será el primero en opinar. Eso se lo prometo. Pero cuando de guerra entre adultos racionales se trate, deje a los entendidos del tema hablar. ¿Está claro?
Ajax giró su asiento en dirección al de Neil y se inclinó sobre la mesa.
-Neil. ¿Cuántas veces has estado en un campo de batalla? Mira que te la pongo fácil, no te pregunto cuántas veces has combatido o a cuántas de estas criaturas has matado, no. Solamente te pregunto ¿Cuántas veces, un graduado de academia como tú, ha estado en campos de batalla?
-Pues he servido en la guerra más que tú, eso es seguro.
-Pues yo he librado más batallas más que tú, eso es un hecho -dijo Ajax haciendo énfasis en la palabra "hecho"-. No puedes librar las primeras batallas pensando que lograrás dejar los domos sin daños. Si logras tomar uno así lo único que alcanzarás es poner más presión en la operación.
Los planes planteados en la reunión, por Neil, consistían en hacer operaciones relámpago para recobrar control de los domos sin dañarlos, para que así mantuvieran su funcionalidad.
-¿Presión? ¿Es lo que temes? ¿De que logremos algo y la presión que vamos a manejar el las misiones posteriores? Amigo adepto, yo tengo un compromiso con la excelencia y perfección -Ajax se levantó y se dirigió adonde se encontraba Neil colocándose frente a él-. No estoy aquí por ser un bien dispensable para el ejército. Estoy aquí por mi inmaculado record en la planeación de misiones. Tengo más medallas al mérito que los Kreor que tú has matado. Pero que sabes tú de medallas, cada vez que tú regresas de una misión lo único que haces es quemar una maldita cabra.
Todos los que conocían a Neil se quedaron impactados. Ninguno de ellos había visto alguna vez a Neil alterado, y ahora hacía frente a un centurión de dos metros diez.
-No es porque lo conozca, pero el señor Ajax tiene razón -todos volvieron la cabeza hacia la pequeña muchacha sentada en un rincón. Era Lilly, la nieta de la canciller la que había hablado-. No debería decirles esto pero si de verdad quieren llevar las misiones a cabo, sin que ciertas corporaciones y el Consejo metan sus narices a cada momento, no creen expectativas muy altas.
-¿Qué? -preguntó Neil.
-El plan es magnífico, no me malinterprete señor Neil. Pero tanto el señor Winters como el mayor Solae tienen algo que decir al respecto. Pero a lo que me refiero es que si logra recuperar los primeros domos sin daño, se esperará que trate de hacer lo mismo con los siguientes. Y no me refiero sólo al Consejo, me refiero a la Alianza. Cuando menos lo espere tendrá que realizar verdaderos sitios para recuperar asteroides porque las corporaciones y el Consejo no le dejarán siquiera rayar los domos.
Neil miró al mayor Winters y a Solae quienes callaban. Neil iba a iniciar a hablar de nuevo cuando una luz se encendió en el centro de la mesa. El coronel Euforbo tocó la luz.
-Es un mensaje del puente. Han dado con una flota de naves de los Kreor. La reunión queda pospuesta.
Todos salieron de la sala de reuniones. Tea se acercó a Jamie tomándola del codo.
-Ven conmigo -le dijo. Jamie siguió a la Mayor hasta un módulo de transporte. En él iban varios de los veteranos que conformaban el grupo de operaciones conjuntas-. He visto que te encuentras dubitativa acerca de que sección del grupo de operaciones conjuntas unirte.
-No he visto nada que me gane completamente, Mayor Tea.
-Te gustaría, sin compromiso claro, unirte a esta pequeña escaramuza a la que vamos.
-Creí que sus unidades sólo servirían al GOC.
-No, por supuesto que no. Las misiones del GOC son muy pocas, tengo que mantener a mis soldados ocupados.
Llegaron a uno de los puertos militares del Prometeo. Jamie apreció desde un puente de control toda la extensión del punto de partida. Era una compuerta de un kilómetro y medio de extensión. Frente a ésta, estaban las naves ligeras de combate.
-Es un viejo coronel amigo mío quien coordina estas misiones sorpresa. Usualmente lo que se pretende hacer es rodear el convoy enemigo y destruir tantas naves como nos sea posible. Excepto que una de las naves sea una nodriza, entonces tendremos un día divertido.
Jamie presenció el despliegue de disciplina del ejército del Consejo. Como una colonia de hormigas perfectamente coordinadas, las naves eran abordadas por sus tripulantes y partían de diez en diez por la compuerta principal. Cada nave lleva en sí una tripulación de cinco. Las naves ligeras por su parte eran conducidas sólo por dos soldados, el piloto y el especialista de guerra electrónica, o EWE. Tea llevó a Jamie hasta donde se reunían los distintos mayores a cargo de los asaltos espaciales. Antes Tea era la cabeza de esa división pero tuvo que dejar el cargo para tomar el que le ofrecían en el GOC.
-Son trescientas naves medianas-decía en ese momento el coronel encargado de la operación-. Creemos son de transporte. Las imágenes satelitales no dan mayor información; pero algo me dice que son naves de los Ullarg transportando tropas de Kreor. Éstos se dirigen a una invasión -el general rió y miró a un hombre en al esquina de la sala. Este hombre de brazos cruzados parecía de unos treinta años. Miraba a todos cuidadosamente. Jamie lo encontró familiar pero no logró ubicarlo completamente-. El capitán Dark dirigirá la operación.
¡Capitán Dark! Pensó Jamie. Jamie imaginó que ese que se encontraba ahí debía ser el mayor de los hermanos Dark, el menor había estudiado con ella en la Academia de la Cofradía allá en la Tierra.
-Muy bien. De momento procederemos como en el protocolo. Pero quiero una nave mediana con tres escuadrones de Mechas y una brigada de infantería -habló desde el fondo de la habitación. Se dio la vuelta y mientras salía de ésta dijo a Tea-. Quiero en la brigada de infantería al escuadrón del sargento McHaia.
Tea miró a Jamie complacida.
-Muy bien McHaia, parece que te has hecho un nombre para ti misma.
2
Dos horas más tarde Jamie y su escuadrón iban a bordo de la nave liviana. Muchos de los otros sargentos la miraban extrañados. A pesar de ser testigos de su valor, fuerza e inteligencia dudaban de la capacidad de la joven para liderar en batalla. Jamie estaba sentada, con todo su equipamiento colocado. Sobre sus piernas reposaba su rifle. Cerró sus ojos y solamente escuchó como alguien entraba en la cámara diciendo.
-Hay una nave nodriza de los Ullarg. Está protegida por nueve escuadrones. Intentaremos abordar. Esperemos que nuestros escuadrones de naves nos lleven hasta ahí a salvo.
-A partir de ahí somos nosotros -dijo Jamie.
Jamie recordó cuando tenía trece años. Estaban sentados en una mesa en el patio de la escuela. Z estaba acostado sobre la mesa, Kanryu comía una manzana. Andrea estaba con su mirada fija en Kanryu mientras Asgard McLeod miraba fijamente a Andrea. Jamie le preguntó acerca de los Ullarg que tanto mencionaban en los noticieros en las noticias de la guerra, siempre los mentaban pero jamás mostraban imágenes de ellos. El muchacho, que siempre sabía de todo empezó a decir todo lo que sabía de ellos. Jamie lo interrumpió y le preguntó, sí pero, como se ven. El muchacho muy serio contestó: como vacas. Todos empezaron a reír. El muchacho no reía nunca. Pero esta vez no reía porque no comprendía la gracia. Como vacas, había preguntado Jamie. Sí, como vacas. Asgard les explicó que, los Ullarg, eran seres bípedos, pero cuya fisonomía facial asemejaba a la de los bovinos.
Con el tiempo Jamie llegó a saber que los Ullarg eran el músculo de la Alianza. Eran una raza superior en fuerza a la de los del Consejo y, aproximadamente las poblaciones superaban tres a uno a la de los Neem vai, el pueblo más numeroso de los del Consejo Sagatt. Los Kreor, los soldados que transportaban las naves, eran a su vez la "carne de cañón" -como decía su abuelo Jacob- de la Alianza. Eran seres más similares a reptiles prehistóricos. Eran de la altura de un ser humano promedio, tenían dos pares de extremidades superiores y, algunas ramas evolucionadas de ellos, tenían alas. La cara era un verdadero espectáculo para dar pesadilla. Tenían tres ojos en línea vertical, el superior y el inferior parecían de pájaro, pero el de en medio era distinto. Y era el que utilizaban para ver a distancia. La boca era enorme y la mandíbula se partía en dos haciéndola ver más grande. El peor terror que estos infundaban estaba basado en su salvajismo y en su capacidad de reproducirse. El período de vida promedio estimado rondaba los seis años terrestres. Nadie había podido siquiera estimar la población de Kreor. Jamie repasaba todos estos datos en su cabeza mientras sentía las vibraciones en la nave. Se empezaba a poner nerviosa.
-No te preocupes. Puede que no sean en esta nave.
Jamie abrió los ojos de par en par ante la sandez que acababa de escuchar por parte de su segundo al mando. Era un joven Ietarr llamado Li, era de corta estatura y muy aplicado. Pero la física no era su fuerte, obviamente. Cuando Jamie iba a iniciar su explicación de la imposibilidad del viaje de ondas en el vacío una luz se encendió en la cámara. Al fin acción.
3
Los cascos se cerraron y se aferraron a un pequeño módulo. Dos escuadrones, uno a cada lado. Viajarían en el espacio asidos al módulo que se desplazaría por espacio abierto hasta dar con la nodriza. La información y comunicaciones se desplegaban en el visor del casco. Jamie leyó que se estimaba que viajarían unos trescientos metros hasta dar con uno de los flancos de la nodriza, en el cual una de las naves debía haber inflingido suficiente daño como para poder ingresar por ahí.
El plan no era el estándar del capitán Dark. Era demasiado arriesgado dijeron los demás.
- ¡Oh por Dios! No saldremos de esta, no saldremos de esta -empezó a leer Jamie en su visor. Era Li quien le comunicaba esto. En toda la brigada la mitad de ellos no llegaba a los treinta años. Sólo cuatro de los jefes de escuadrón habían servido en batallas anteriores, y, por si fuera poco, el índice de mortalidad de las misiones coordinadas por el capitán Dark era de los más altos. Jamie empezó a dudar si Dark la había solicitado por su habilidad o por su apellido recordando cuántas veces Kanryu había tenido altercados con el hermano menor del Capitán Dark.
Las compuertas de la nave se abrieron y Jamie experimentó el espacio abierto como nunca lo había vivido antes. La distancia, sin embargo, era mucho más de los trescientos metros. En medio de fuego abierto los cinco módulos avanzaron entre disparos y fuego cruzado. La nave de los Ullarg los detectó y un juego de cañones apuntó a ellos. El primer módulo fue impactado por los primeros disparos. Uno de los soldados salió expulsado en dirección del módulo que transportaba al escuadrón de Jamie. Los miembros del escuadrón lo alcanzaron y se aferraron a él. El cañón impactó al segundo módulo, de este nadie sobrevivió. Cuando el cañón apuntaba al módulo de Jamie uno de los miembros del escuadrón tomó una granada y acertó justo en éste.
Cuando se acercaron al flanco de la nave, el agujero abierto no tenía más de un metro de diámetro. Los soldados empezaron a disparar hasta que fue un poco más grande. Una granada terminó el trabajo. Entraron y se colocaron a esperar al quinto y último módulo. Éste llegó con dificultades. Las nuevas órdenes les fueron mostradas. Tomar el puerto de la nodriza para el arribo de las unidades mecanizadas. Iniciaron su desplazamiento por la nave, por momentos casi adivinando. La nodriza de los Ullarg era enorme. Se cruzaron con varios oficiales, todos ellos iban muriendo al encontrarse con Jamie, quien lideraba el ataque. Llegó a un puesto de mando. Jamie dio muerte a cada uno de los presentes. Li se acercó a la computadora. El joven Ietarr era hábil en descifrar los sistemas de la Alianza. Era por eso que era tan valioso para el GOC. Cuando dieron con el mapa de la nave Jamie dio la orden.
- ¡Que el escuadrón tres y cinco vayan a tomar el puerto! ¡Ilfar!
-Sí sargenta -contestó uno de sus soldados.
-Toma a tres del escuadrón y destruye el foso del ascensor -dijo señalando el lugar en la pantalla-. Quiero el paso hasta el puerto cerrado excepto por un punto -dijo señalando un segundo ascensor en la pantalla-. ¡Vamos!
Ilfar, el que había destruido el cañón, salió con otros tres a cumplir las órdenes de Jamie. Ella, Li y otros cinco miembros quedaron en el salón. Jamie no perdía de vista la pantalla. El foso del ascensor se volvió de un color opaco en el mapa. Salió de la habitación en dirección del segundo ascensor que daba acceso al puerto.
Tomaron cubierta, esperando a que la puerta se abriera. Ilfar y los demás llegaron después. Los once esperaban tensos. Con los dedos en los gatillos. A sus espaldas los escuadrones tres y cinco batallaban por el control del puerto. Jamie empezaba a ponerse tensa, si los otros escuadrones no tomaban rápido el puerto los refuerzos no llegarían y se verían entre la espada y la pared. La puerta se abrió. Los soldados Ullarg llegaron.
Enormes bestias salidas de algún campo de batalla más bien medieval se plantaban frente a ellos. El del centro parecía un búfalo de más de tres metros que portaba un fusil en una mano y una almádana en la otra. Cinco de estas bestias iniciaron carrera hacia el escuadrón. El fuego inició. Los tiros les impactaban en el pecho, piernas, brazos, pero apenas los rasguñaban. El jefe levantó su arma y asestó un golpe contra uno de los soldados. Le destrozó el tórax y quedó esparcido por el suelo. Dos más corrieron igual suerte. Jamie no tuvo más opción que mandar la retirada. Ilfar y ella lanzaron granadas, anhelando detenerlos de esa manera. Pero apenas una de las bestias cayó, los demás siguieron el acecho por el puerto. Llegaron hasta donde los otros escuadrones combatían con un solo Ullarg. Este tenía en ese momento a un soldado por la pierna y lo lanzó contra el ala de una nave. El muchacho se partió la espina por el impacto. El Ullarg lanzó un grito de guerra cerrando los puños y alzando la cabeza. Jamie corrió, saltó y metió una granada en la boca del Ullarg. La cabeza de este estalló junto a la granada, cayendo el cuerpo sin vida del formidable guerrero. Jamie siguió su carrera hasta el puesto de operación.
-Excelente guerrera tu sargento, Ilfar -dijo el jefe del quinto escuadrón.
- Sí. Solo tenemos que hacer lo mismo con los cuatro que nos siguen.
- ¡¿Cuatro?!
Jamie abrió las compuertas sin previa preparación del salón. El cambio de presión hizo volar fuera de la nave todo lo que no estaba sujeto al suelo. Esto incluyó a dos soldados y a los cuatro Ullarg restantes. Las unidades Mecanizadas, los Mechas, hicieron su aparición. Jamie contempló los treinta Mechas. La élite del ejército del Concejo Sagatt. Erguidos ahí orgullosos se encontraban robots de veinte metros de altura. Treinta máquinas de guerra y destrucción con forma humanoide, cada una de ellas conducida por un soldado experto en esparcir terror y desgracia en los enemigos del Concejo. Su trabajo en la toma de la nave nodriza había terminado. Con los Mechas nadie podía. Jamie observó en los próximos cuarenta minutos como las máquinas, materialización de las ideas de su padre, Sean "el León" McHaia, destruían, humillaban y subyugaban a la tripulación. Los orgullos Ullarg tenían que postrarse ante la invasión o morir.
-Sí -se dijo Jamie-. Lo siento por Tea. Pero tienen que ser los Mechas.
4
Al arribar a la nave Jamie se sintió terrible. Recordó como de niña había repudiado la violencia y se puso en el lugar de la niña que había sido. Definitivamente se repudiaría a sí misma y se desconocería. Jamie se tiró en su cama viendo fijamente la mesa de noche. En la mesa se encontraba su arma corta y los cartuchos. Jamie imaginó por un momento como sería tener las habilidades que poseía su hermano Kanryu, como seria poder calentar las cosas a voluntad; podría entonces calentar el arma hasta volverla completamente maleable. Jamie acercó su dedo a la punta de la pistola, acercándolo lentamente, pretendiendo que al tocarlo el metal se pondría al rojo vivo. Y lo tocó. El metal estaba frío como siempre. Alguien tocó en la puerta.
- Jamie -llamó Neil Van Verth a la puerta.
- Pasa -contestó Jamie.
El alto joven abrió la puerta y asomó su cabeza sonriente.
- Veo que estás bien. ¿Qué te pareció tu primera incursión en la vida real?
- Pues, ahora veo porque tú eres tan valioso. Dark está loco, casi nos mandó al matadero.
- Para mí la seguridad de los soldados es primero. ¿Quieres ir a comer algo?
Jamie asintió y se acercó a apagar la lámpara. Cuando lo hizo el interruptor hizo cortocircuito y provocó que las luces en todo el pasillo se apagaran. Las luces de emergencia se encendieron al momento.
- ¿Qué diablos...?
- ¿Estás bien Jamie?
- Sí. Fue la sorpresa más que todo.
Salieron de la habitación y fueron a cenar. Ambos comieron sendos platos de carne asada. A Neil le causó gracia ver como Jamie devoraba la carne y todos los acompañamientos con gran apetito.
- Veo que tienes un buen apetito.
- Bueno, si conocieras a mis padres comprenderías.
- ¿Son aficionados al asado?
- Mi madre pasó muchas partes de su niñez en Argentina -contestó Jamie-, allá tienen un dicho: "Todo bicho que camina va para el asado". Mi madre siempre estaba haciendo cenas bajo cualquier pretexto, cualquiera que te puedas imaginar. Ella creció en Francia, entonces celebrábamos todo lo que se celebra en Francia. Su madre era griega, así que celebrábamos todas las festividades de Grecia. En la casa había fiestas hasta unas dos veces por semana. El día de la toma de la Bastilla, el 4 de Julio, acción de gracias, todo lo que te puedas imaginar. A ella lo que le gustaba era tenernos a todos juntos y servía mucha comida. Recuerdo que de niña me acostumbraban a que no me levantara de la mesa sin haber terminado el plato, para cuando estaba creciendo hacíamos con los demás competencias para ver quién comía más.
- Me imagino que tú siempre ganabas.
- Ni por cerca. El hermano gemelo de Lilly nos daba cátedras en como hacer desaparecer tres kilos de carne en diez minutos.
- Es el famoso Asgard del que hablas ¿no? -Dijo Neil-. Aquel que huyó y no volvió a ser visto en el mundo conocido.
- El mismo -dijo Jamie con tristeza-. El mismo. ¿Cómo sabes tú de él?
- He tratado de recopilar información acerca de los que pueden abordar el Prometeo, los que vendrían de la Cofradía para el GOC, por ahí me tope con un archivo del menor de los McLeod.
- ¿Qué decía el archivo de Asgard?
- Benjamín Asgard McLeod, extraño nombre por cierto, ambos nombres de pila -dijo Neil bromeando.
- Lo sé, lo detestaba. Sólo mi hermano Kanryu lo llamaba así.
- Pues dice que es uno de los chicos de cierto grupo de familias que no manifestó algún control sobre los elementos.
- Sí -dijo Jamie-. Ni Asgard nieto de Khan, ni Andrea hija del gran Ian Parker, ni...
- Tú, hija del gran león McHaia -dijo Neil en un tono medio burlón.
- Ni yo, no poseemos habilidad en lo absoluto. Bueno obviando a los que no pueden subir, ¿diste con algunos de los que pueden subir? -Jamie miró en dirección del hombre sentado en la mesa que Neil tenía a sus espaldas. Reconoció en el a Áyax, el representante de la Cofradía.
- Supuse que talvez el hermano mayor de Asgard pero...
El hombre tras Neil meneó la cabeza de un lado a otro y Jamie río un poco.
- Pobre Neil, espero que no hayas apostado algún dinero en esa posibilidad.
- ¿Por qué lo dices?
- Ethan no tomaría órdenes de nadie y mucho menos de Sarracen -dijo Jamie ya con la intención de molestar al representante de la Cofradía-. Porque el nombre del "gran Áyax" -dijo Jamie en tono sarcástico y haciendo la señal de comillas con los dedos-, es Daniel Sarracen. Te contaré una historia muy divertida. Daniel es cuatro años mayor que yo. Cuando entramos a la Academia, allá en Seattle, el primer día de clases, Daniel se quiso hacer conocer entre los recién llegados. Así que buscó al más grande de los recién llegados y le trató de sacar pelea. Para su desgracia ese era mi hermano Kyle, quien es de la misma edad de Daniel. Te diré algo de Kyle. Kyle repudia la violencia más que nadie que haya conocido. Así fue que durante toda una semana Daniel buscó pelea con Kyle pero sólo consiguió la lástima de mi hermano. Mi hermano le dijo que buscara ayuda psicológica en algún lado. Eso fue la gota que derramó el vaso. Daniel le dio un puñetazo en la cara y mi hermano cae cuan largo es en el piso. Entonces Ethan se acerca a mi hermano y lo revisa. Dice "se levantará" y luego mira a Daniel y le pregunta "te gusta que te respeten. Yo respeto eso, pero ten cuidado acerca de cómo lo logras". Ethan entonces se lleva a mi amigo Salazar Zaid, imagino que habrás leído acerca de él, echándole el brazo encima y diciéndole algo en voz baja. A medio camino ambos vuelven a ver a Daniel. Al día siguiente a Daniel no se le ve por ningún lado y no aparece en tres semanas. Se le encuentra eventualmente en un hospital psiquiátrico para menores de edad en Canadá -Neil se quedó con los ojos abiertos de par en par-. Daniel no se atrevió siquiera a dirigirle la palabra a Kyle por el resto de su vida, creo que hasta ahora no se atreve a mirarlo a los ojos.
- ¿Es en serio?
- Sí -contestó Jamie rápidamente-. Si quieres comprobarlo solamente tienes que hacerle la misma broma que le hacíamos nosotros. "¿Qué tal un viaje a Canadá Daniel?" siempre se ponía pálido con la mención de Canadá. Dejo de ir a un viaje de campo en su último año porque era muy cercano a la frontera.
Neil río mucho.
- Así que no. No creo que sea Ethan el que arribe al Prometeo.
- Entonces quien. ¿Tu hermano Kanryu? el se supone que es muy bueno.
- No, menos. Creo que Daniel está en la Cofradía con la expresa condición de no tener que ver a Kanryu.
- ¿Por qué?
- Kanryu lo golpeaba. Se quitaba el cinturón y lo golpeaba cada vez que lo veía molestando a niños menores. Una vez le dio una golpiza tal que lo mandó a la enfermería.
- ¿Es en serio?
- Daniel no era el favorito de mis amigos -en eso Daniel se levantó y salió por otra puerta-. Pero aún así -continuó Jamie-, es bueno en lo que hace y en el fondo no es malo. Su corazón está del lado correcto.
- ¿Entonces por qué lo odiaban tanto tus amigos?
Jamie suspiró. No sabía como contestar eso. Decir que era porque Daniel había sido su primer novio no parecía muy creíble. Se despidió de Neil y se fue a su habitación. La energía estaba de nuevo en el pasillo y el cortocircuito había sido arreglado. Se acostó mirando de nuevo a la mesa de noche. Ahí estaba su arma. Acercó de nuevo su dedo a la punta del arma al estar cerca Jamie se concentró en querer calentar el metal. Mantuvo el dedo quieto a unos pocos centímetros de la pistola mientras pensaba en lo tonta que debía de verse haciendo eso. La mente voló por varios recuerdos, como cuando tenía cinco años y vio a su padre crear una bola de fuego semejante al sol en la palma de su mano. Recordó cuando frente a ella Z agitó una rama y de ella varias ráfagas de viento salieron destrozando todo a su paso. Recordó algo que sólo ella había visto, recordó el día en que Ethan golpeando un río con su puño hizo que se levantara una columna de agua que tomó la forma de un dragón. Ella había presenciado muchos hechos pero no comprendía, pero lo que menos comprendía era el porque ella no podía manejarlos. En ese momento en que la furia la invadía de la punta de su dedo un arco eléctrico salió en dirección de la pistola. Duró unos breves instantes; pero había sido
algo.
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